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que tiene una película escandalizante —como resulta, etiqueta como potencial disruptor del orden social o
por ejemplo, El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, político, el escándalo arguye tal inmoralidad o capaci-
México, 2002)-. A pesar de que estos dos casos están dad de subversión, hilo conductor de una visibilidad
separados por más de cuatro décadas y suponen filmes extrema que exhibe la transgresión —a veces exceso, a
muy distintos en términos temáticos y estilísticos, los veces carencia—, como para condenarla. En esta vena
avatares de cada uno, al ponerlos frente a frente, ejem- foucaultiana, la censura y el escándalo son reacciones
plifican la aparente contraposición entre censura y es- alérgicas frente a la alteridad: un otro, de hecho, cual-
cándalo: la misteriosa desaparición física de (casi) todas quiera “que intervenga con fuerza en nuestro alfabeto
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las latas de la película de Bracho durante los sesenta y simbólico” , ese otro amenazante que escapa la institu-
setenta, se contrasta con la profusión de copias —400 cionalidad de la norma, que ataca la realidad y la verdad
en la República Mexicana— destinadas por Columbia de un estado de cosas e irrumpe en las pantallas —ya
Pictures al estreno comercial de El crimen del padre Ama- sea encarnado a través de personajes atípicos, margi-
ro. Las discretas odas de la crítica de cine en torno a La nales o excéntricos, recuentos no oficiales de sucesos
sombra del Caudillo —tras su posfechado estreno en el históricos, formas de vida alternativas, e incluso narra-
hoy extinto cine Gabriel Figueroa y en la Cineteca Na- tivas y estilos fílmicos no convencionales— ha de ser
cional, a finales de 1990— ciertamente palidecen frente aniquilado y reprimido, neutralizado y escarmentado.
a los ríos de tinta derramados en la prensa escrita a favor Pero la alteridad sólo hace sentido desde posicio-
y, sobre todo, en contra de Carrera y su película en 2002. nes de identidad precisas que se ven interpeladas ante
Por un lado, imposición del silencio e invisibilidad, in- ciertas representaciones fílmicas, dado que éstas, en la
cluso de los procedimientos y lógicas tras el ocultamien- polisemia que supone su lectura, no apuntan preferen-
to; por el otro, visibilidad extrema y vasta promoción y temente hacia una única y correcta interpretación. Se
hasta exigencia de publicidad en el sentido más amplio necesita, pues, de El Supremo Congreso de la Legión
del término. de Honor Mexicana para encontrar en La sombra del
Ante la presunta incompatibilidad entre censura y Caudillo, a inicios de los sesenta, una representación
escándalo, ¿es posible descubrir vínculos entre ambos desagradable y repugnante de la gesta revolucionaria:
fenómenos? el filme de Bracho “denigra a la Revolución presentan-
Un primer punto de contacto entre ellos es de ca- do sólo aspectos negativos e inmorales, pero nada de
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rácter analítico y se halla en su finalidad compartida: la los ideales y de la nobleza de nuestro movimiento”; se
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censura y el escándalo son procesos de normalización, requiere de “un grupo de Veteranos de la Revolución
como los entiende Michel Foucault y, asimismo, se Mexicana” para exigir la censura irrevocable de tal pelí-
pueden caracterizar como mecanismos disciplinarios. cula y enumerar las razones morales, narrativas y hasta
Tanto la primera como el segundo suponen la cons- de vestuario, que justifican, a sus ojos, dicha prohibi-
trucción y puesta en práctica de discursos y acciones ción; aquí algunas de las esgrimidas:
diversas conducentes a contener y contender transgre-
siones de valores, las cuales son reconducidas a través de 1era. Es una mala película, lenta y aburrida […] 4ta.
una multiplicidad de estrategias hacia lo denominado La película es policíaca, como cualquier nota roja de la
como normal, equiparable en la arquitectura foucaul- prensa […] como en esta película se ofende seriamente
tiana con lo real y lo verdadero. Poder y verdad, afirma al glorioso ejército surgido de la Revolución ya que los
Foucault, no están desvinculados: “la verdad es de este generales que exhibe y que visten trajes (uniformes) muy
mundo; está producida aquí gracias a múltiples impo- mal cortados, aparecen como intrigantes, falsos, politi-
siciones. Tiene aquí efectos reglamentados de poder.” 2 queros, borrachos, juerguistas y asesinos, creemos que no
Las ligas entre poder, verdad y saber conllevan vigilan- debe autorizarse su exhibición que sería tan deprimente
cia y reglamentación de lo que puede y no decirse, de lo para nuestro respetable instituto armado.
que puede y no verse y, en última instancia, instauran lo
verdadero y lo distinguen de lo falso, creando así modos De igual forma, la otredad desafiante que emerge
de ver —término de John Berger— y mundos de vida en varias interpretaciones de El crimen del padre Ama-
—en la acepción de Jürgen Habermas—. Desde esta ro —la película mexicana más taquillera de todos los
perspectiva, la realidad deviene construcción discursiva tiempos— se construye desde una perspectiva católica
que se actualiza en la propia producción e interpreta- y conservadora. Estas interpretaciones generan un es-
ción de discursos. cándalo mediático en 2002 a través de argumentos que
Mientras que la censura oculta un filme bajo el evidencian la necesaria prohibición del filme, caracte-
supuesto de su inmoralidad o falsedad, o de que se rizado como una visión nociva, errada y perniciosa del
6 PALABRIJES 10 julio-diciembre 2013

