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AMOXCA
AMOXCALLI:LLI: ¿ Alguna vez te has preguntado cómo eran los libros en
el México prehispánico, qué temas trataban o dónde
se guardaban? Por supuesto que esos libros no eran
iguales a los que se fabrican hoy en día, pues fueron conce-
bidos y elaborados mucho tiempo antes de que Johannes
Gutenberg deslumbrara las pupilas del mundo con su
revolucionario invento.
Afortunadamente, algunos de esos libros se han
La casa de los libros detalladamente algunos aspectos de la cultura y las inquie-
conservado, y gracias a ello, resulta posible conocer más
tudes que ocuparon la mente y el corazón de los antiguos
de pinturas 1 mexicanos. En la actualidad, se les conoce con el nombre
de códices —palabra que proviene del latín codex que sig-
nifica libro o manuscrito—, aunque en sentido estricto re-
sulta más conveniente llamarles «documentos pictóricos»o
mejor aún «libros de pinturas», pues su contenido se ex-
presaba fundamentalmente por medio de imágenes.
Estos «libros de pinturas»fueron un rasgo común a di-
versas culturas mesoamericanas, como la maya, la mixteca o
la mexica. Sin embargo, para no extenderme demasiado, en
esta ocasión concentraré mi atención únicamente en la po-
licromía verbal característica de los códices provenientes de
la cultura mexica o nahua. En ellos, los escribas o «pintores»,
conocidos como tlacuilomeh —para usar una palabra ná-
huatl—, dejaron testimonio de las creencias religiosas, los ri-
tuales, los cómputos astronómicos, el calendario adivinatorio,
la economía, la historia y genealogía de los gobernantes, entre
otros temas.
En las escuelas del México antiguo, estos documentos se
extendían sobre un petate tendido en el piso y los alumnos
se situaban alrededor del manuscrito, mientras los sabios o
tlamatinimeh explicaban su contenido. Y era precisamente
en las escuelas, mercados, o en los centros de instrucción
religiosa, donde se encontraban los recintos que guardaban
o almacenaban estos «libros de pinturas». Ahora bien, los
recintos específicos destinados a ese fin recibieron en ná-
huatl el nombre de amoxcalli o «casa de libros».
Estas «casas de libros»cumplían con diferentes
funciones; por ejemplo, las que se encontraban en los
mercados, tenían como objetivo concentrar todos los docu-
mentos relacionados con el comercio o los tributos,
y no siempre tenían un carácter público, tal y como
ahora concebimos las bibliotecas. Obviamente, los
alumnos de las escuelas (Calmecac y Telpochca-
lli) estaban familiarizados con el estudio de los «li-
bros de pinturas»relacionados con sus objetos
de estudio, como el tiempo y el calendario.
Estos «libros de pinturas»fueron sumamente aprecia-
dos, no sólo por su utilidad, sino también por su belleza,
pues en ellos se expresaba la habilidad y pericia de los escri-
bas, quienes, además de tener una depurada técnica, poseían
una instrucción sobre la religión y el calendario adivinato-
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PALABRIJES 11 enero-junio 2014

