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La biblioteca



                                   ERRANTE
                                   ERRANTE









                                 Los libros se leen, pero también se coleccionan; liberan, pero también sujetan.
                                      Aquí una reflexión sobre los avatares de las bibliotecas personales.

                                                                Juan Villoro


                               ambién para los libros hay nómadas y seden-  sación de definitividad tan incómoda como salir con
                               tarios. La estirpe de Abel, la estirpe de Caín.  una chica que se sabe de memoria la epístola de Mel-
                         TAdmiro a quienes, como Alfonso Reyes o José  chor Ocampo. Aterrados ante la posibilidad de ancla
                         Luis Martínez, han reunido vastas bibliotecas, entre  que tiene una biblioteca, ciertos lectores nos resigna-
                         otras cosas porque sé que jamás tendré una de ese tipo.  mos a la cultura de lo insuficiente y la ligera economía
                         En la Capilla Alfonsina me llamó la atención una silla  de los ejemplares de bolsillo; vivimos con libros cuya
                         hecha para leer sin interrupciones (atril para libros pe-  cantidad y arreglo carecen de importancia y se mezclan
                         sados, cenicero empotrado en un brazo, un hueco ideal  con los papeles según el criterio de las papelerías de
                         para un vaso, una tablita para reposar los pies). Aquel  pueblo, en las que hay libros «por si acaso».
                         mueble, diseñado por el autor de Visión de Anáhuac, era   Walter Benjamin sucumbió a la pasión del colec-
                         el emblema del sedentario perfecto.           cionista. Su biblioteca proliferó hasta que la tempestad
                            En su Historia de la lectura, Alberto Manguel celebra  de la historia  lo convirtió  en fugitivo. Cuando  aún
                         a quienes encuentran en la tipografía y la encuaderna-  estaba en feliz posesión de sus libros, escribió el ensa-
                         ción estímulos sensuales equiparables a los mensajes de  yo «Desempaco mi biblioteca». Ante las cajas cerradas
                         la letra. Augusto Monterroso, por el contrario, escri-  y el aire enrarecido por el polvo, distinguió que toda
                         bió un manual de primeros auxilios para deshacerse de  compilación de libros es un caos a quien sólo el pro-
                         libros sin complejo de culpa. Quizás a causa del azar  pietario confiere un orden. Determinada por la suerte
                         y la arquitectura moderna, necesito que los libros sean  y los caprichos, una biblioteca entrega el retrato, a la
                         desechables, al menos como posibilidad extrema. La  vez desmedido y trunco, de quien la ha juntado. Nadie
                         idea puede parecer bárbara, pero no podría juntar libros  congregaría esos volúmenes en favor de una universi-
                         sin la opción de abandonarlos. En cambio, un tío mío  dad o una ciudad. Hijos de un apasionado desorden,
                         reunió libros hasta asfixiar cualquier rincón de la casa;  los tomos llegan a los estantes en busca de unidad. La
                         cuando su esposa le dijo que la situación era insosteni-  tensión entre las partes y el todo domina el oficio del
                         ble, él optó por la sensatez del bibliómano: se mudó a  bibliómano. Incluso el lector nómada se somete a esta
                         una casa chica y dejó los libros en la vieja casa.  dinámica cuando debe escoger una parte de los libros.
                            Para el coleccionista, el libro es un objeto que no  ¿Qué trozo lo representa?
                         necesariamente debe ser leído. Si presta uno, le interesa   En Grecia, los camiones de mudanza se llaman
                         más que se lo devuelvan a saber qué efecto tuvo la lec-  «metáforas», palabra que significa «traslado», «ir más
                         tura. Hay un punto de expansión en que una biblioteca  allá». En el caso de los libros, los viajes obligan a un
                         se vuelve imposible de leer por entero y se transfor-  doble ejercicio metafórico: llevarlos de un lugar a otro y
                         ma en zona de consulta (Anatole France, coleccionista  saber cuáles tienen suficiente carga simbólica para me-
                         emblemático, se conformaba con leer la décima parte  recer el ajetreo. En vísperas de viaje, toda biblioteca se
                         de sus libros). A partir de ese momento ocurren dos  revisa con aire depredador. ¿Qué hacer con la recia no-
                         cosas: la compilación amerita ser catalogada y el dueño   vela de un amigo cuyo valor era afectivo hasta que nos
                         pertenece a sus libros.                       insultó por hablar de Supertramp sin conocimiento de
                            A los nómadas (o a los meramente irresponsables),  causa (algo sin duda injusto, aunque no tanto como
                         una biblioteca de esas dimensiones les suscita una sen-  adquirir conocimientos para tener causa)? ¿El cariño
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