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EL LADRÓN
      EL LADRÓN










       (devorador)de palabras







                Incluso en el encierro, la lectura se interna en nuestro corazón y lo remueve.
              A veces nos regala el gozo de las imágenes hechas de palabras, a veces nos toca
                 el dolor y emerge la ira, a veces abre las compuertas del llanto liberador.


                                             Lilly Kerekes



               uérfano de familia por accidente, huérfano  ciado que le habían permitido llevar a Silencio. Éste,
               del mundo por convicción, así se consideraba  menos antisocial que su amigo, deambulaba  por pasillos
       HDiego. Lo que había quedado de una infan-    y corredores, quieto y callado, ofreciendo terapia anti es-
       cia feliz no era más que la memoria de recuerdos borro-  trés. Salía al jardín a hacer sus necesidades y tomar baños
       sos y lejanos, casi ajenos.                   de sol durante el descanso de su compañero.
          La soledad le sentaba bien, de hecho, pensaba él,   Aunque aquello no era la felicidad. Era un simple
       era lo único con lo que realmente se identificaba. Vivía  remanso. Una tranquilidad callada. Una depresión opa-
       solo, porque no era capaz de vivir con nadie, a excep-  ca y dormida.
       ción de su perro, Silencio, un ser bajito a tres colores,   Y sucedió. Sin quererlo, sin esperarlo, de un tajo.
       con orejas tan alargadas que casi trapeaban el piso. De   Había decidido salir al bosque a pasear con Silen-
       ojos grandes y tristes, sólo le faltaba hablar.   cio.  Ambos  disfrutaban  mucho  esos  paseos.  Corrían
          Luego de perder a su familia de manera trágica, poco  un rato, jugaban y luego se tumbaban. Uno dormía
       le faltó para socavar el deseo de alcanzarlos. Por aquel  mientras el otro leía a la sombra de un árbol. Debió
       entonces, una amiga, la más querida, lo había rescatado  ser alguna flor, alguna planta, pero algo le provocó que
       de caer al fondo del precipicio. Cuando estuvo segura de  estornudara. Inmediatamente se limpió e inhaló des-
       haberlo dejado a buen recaudo, se mudó, y él volvió a  pués con enorme fuerza. Algunas palabras del libro se
       sentirse desolado. Nada ni nadie lo unían a la tierra, pero  metieron por su nariz. Sintió cómo una a una le hormi-
       podía vivir en su mente. Dejó de comunicarse como el  gueaban por las cavidades nasales, frase por frase, hasta
       común de los mortales lo hace, apagando su voz para  llegarle a la cabeza. Se sintió profundamente aturdido.
       siempre, como Cinnamon de Murakami. Dejaría atrás  Los ojos le lloraron. Sintió desvanecerse y perdió el
       lo que alguna vez había amado tanto. Sobreviviría comu-  conocimiento. Un momento después lo despertaba la
       nicándose de la manera más básica posible, con mono-  lengua áspera de Silencio. Por un momento olvidó lo
       sílabos de preferencia, y con la menor cantidad de gente  que había pasado, dónde se encontraba y hasta su nom-
       posible. En aquel momento de su vida, todo marchaba  bre. Miró alrededor, despacio. Acarició a Silencio. En el
       bien. Durante el día, encerrado en su oficinita de cuatro  césped, el libro había quedado abierto. Una frase falta-
       paredes, pero con un ambiente de quietud y con vista al  ba en el párrafo de en medio. Las palabras retumbaron
       jardín, permanecía en la biblioteca, en la que trabajaba  en su cabeza… «el mar crecerá con mis lágrimas… me
       desde hacía varios años, ocupándose del acervo, el orden  llevará este sueño hasta tu barca…»ya no estaban en la
       y las donaciones, indagando en las computadoras, aleja-  página. Un escalofrío lo recorrió. Tal vez estaba dentro
       do de los visitantes y estudiantes. Le agradaba el apenas  de un sueño extraño.
       silencio, resguardado por el breve murmullo de los que   Al volver a su casa, se sirvió un té. Esa noche, aun-
       ahí día con día, se daban cita. Y cuando el trabajo amai-  que lo hacía siempre, no leyó. Encendió la radio, aunque
       naba, se daba el lujo de leer. Era un empleado tan apre-  sin oírla. Su mente deambulaba por senderos literarios,
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       PALABRIJES 11 enero-junio 2014
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