Page 31 - P11
P. 31
después, fueron a posarse en su cuaderno formándose
en un orden distinto al aspirado. Aturdido, pero emo-
cionado, comenzó a hablar más y más fuerte, hasta
gritar. Silencio, asustado, fue a refugiarse bajo la cama,
lejos de todo aquel vendaval. Las palabras luchaban
por encontrar sitio entre las páginas, con nuevos ama-
neceres. Diego se sintió poseído por aquellas palabras
que no eran las suyas. Todos sus pensadores habitaban
su cuerpo, urgiéndolo a descubrir otras posibilidades. Su
sangre se agolpó en sus entrañas, y con el último grito,
el cuaderno de notas se cerró, derramando él su savia
por encima, exhausto y renovado, para perder, una vez
más, el conocimiento.
Sentado en su cama, bañado en sudor, luego de una
noche de sueños extravagantes, Diego, acompañado
por Silencio, no se decidía a abrir el cuaderno de notas.
Diego, pálido y tembloroso, comenzó a leer en silen-
cio. Inició despacio, primero tímido, luego seguro. Su
voz fue inundando la casa. Las palabras, ya en su nuevo
hogar, acariciaron su garganta y brillaron iluminando
las hojas, casi como un canto, una historia legendaria
jamás contada. Secretos fueron vertidos suavemente,
acompasados por un autor involuntario, víctima de su
amor por la literatura. Leyó hasta el final, cerró su cua-
derno y se deshizo en llanto. Silencio, aullando, emo-
cionado también, lamió sus lágrimas.
Decidió tomarse unas vacaciones. Repitió todo de
nuevo. Fue al bosque con Silencio, llevándose varios
libros consigo. Encendiendo una vela por cada autor,
pidió licencia poética. Recitó los párrafos y fue apagan-
do las velas. Esta vez aspiró con toda la fuerza posible,
voluntariamente, sus líneas favoritas, que vació previa-
mente en su computadora para la posteridad. Un calor
lo invadió de pies a cabeza. Se sintió vivo, como pensó
que nunca más volvería a sentirse. Luego regresó a casa
tranquilo, tomó su té, leyó la novela en turno, escuchó
un rato la radio. Al día siguiente fue con Silencio al seducen en un baile sin fin. Sus voces llegan a la calle
parque, localizó a la niña misteriosa e invirtió los pa- cuando Diego abre las ventanas y corre las cortinas. Al-
peles. La llamó con la mirada, ella sonrió. Él, mental- gunos vecinos se alejan, espantados por los murmullos.
mente se propuso contarle sus descubrimientos. Ella Silencio no quedó incólume. En sus orejas quedó mar-
pareció extasiada, le dedicó una fugaz sonrisa y después cado, partido a la mitad por cada una, como con hie-
regresó a saltar la cuerda, cantando la narración recién rros candentes, un haiku, apenas visible. En el cuerpo
aprendida. Luego fue al mercado por víveres y se ence- de Diego reposan vivas, cubriendo su piel, en todos los
rró en su casa el resto del tiempo. Necesitaba estar solo idiomas, las variantes de la palabra de donde nacieron
con su voz recién redescubierta. todas las palabras: Silencio.
Pasaron los días. Su casa fue habitada por las pala-
bras. En una de las paredes de la cocina, una Caperu- Septiembre 2012 — Abril 2013.
cita adolescente ha seducido al Lobo. En el resto, otros
cuentos reposan entre frutas y verduras. Las paredes de A Lilly le encanta devorar... todas las palabras que encuentra en su camino, especialmente las
la sala fueron invadidas por vampiros y los primos le- que no entiende. Nunca se indigesta, aunque a veces cree sufrir del mal del personaje de la cinta
janos de Cthulhu. La recámara aún respira entre los de Memento. Intenta armar rompecabezas con todas ellas. Prefiere, por mucho, las palabras a las
gemidos entrecortados de hombres y mujeres que se personas, especialmente aquellas que nunca serán pronunciadas.
29
PALABRIJES 11 enero-junio 2014

