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LOCAL
                                    LOCAL











                         Anotaciones entre los



                                       libros y la lleca





                         Entre los libros y la lleca (lo infecundo de la calle) media una zona cuyos lindes se ensanchan o
                         se angostan sin saber cómo. En el fondo es el problema de siempre: el lugar del libro, la calle que
                         lo destroza, páginas sobre la acera. Entre los libros y la calle (la variedad en el barbecho) media
                         una zona de comercio: hay quienes la conocen muy bien; para otros,  ya no existe. Pero entre
                         los libros y la Avenida Balderas (el desastre del modelo) media una zona de constante regateo y
                                        voluble beneficio. Desde ahí —no estoy muy seguro— escribo.


                                                               Simón Rojas

                         Fusil
                         Así como hay lectores para los cuales toda lectura es   Nada. Y comenzó».Las líneas de Macedonio deberían
                         una maravilla —cuestión que los convierte en perso-  figurar en la cabecera de cualquier buscador de fusil.
                         najes difíciles y hasta peligrosos—, hay otros que creen   Pero me temo que ninguno de ellos estaría dispuesto a
                         encontrar en donde sea las pistas conducentes al «fusil».   aceptarlas ni menos aún a asumirlas: se acabaría la gra-
                         Generalmente estos lectores rozan los sesenta o setenta   cia (la obsesión) de la búsqueda, y de paso se le faltaría
                         años, aunque hay buscadores de fusil de cuarenta y has-  el respeto a Dios, es decir, a Dante, a Cervantes o a
                         ta de treinta. Como sea, y tengan la edad que tengan,   Shakespeare, de quienes nunca (¡nunca jamás!) se podrá
                         no es recomendable aludir en presencia de ellos a un   decir que cayeron tan bajo como para oír nada. Me ima-
                         escritor latinoamericano, porque para los buscadores de   gino al anciano Harold Bloom saltando en una pata.
                         fusil son éstos —empezando por los del boom— los fu-
                         sileros por antonomasia. Y si a uno se le ocurre nombrar   Sobrevalorados
                         a un escritor de moda —digamos, Bolaño—, será obje-  Hay momentos o incluso días completos en los cuales
                         to de sorna y de una seguidilla de alusiones en el mejor   al vendedor de libros la literatura le importa un carajo.
                         de los casos sarcásticas. Se trata de lectores obsesivos   En tales ocasiones rememora lo dicho por Bukowski
                         —clientes de lujo, después de todo— porque en su   cuando le preguntaron qué pensaba de la obra de
                         búsqueda no tienen más remedio que leer a quienes   Shakespeare: «sobrevalorada», sentenció.
                         huelen a fusileros para condecorarlos como tales, y así,   El vendedor cree que con esa respuesta, Bukowski,
                         un buen día, pasar por el local de Balderas y declarar:   por cierto un poeta sobrevalorado incluso a pesar de sí
                         «¡Qué fusil!».                                mismo, utilizaba el poderoso emblema de Shakespeare
                            Toda la literatura —a estas alturas está claro— es   para  entregar  una  visión  de  la  literatura  en general.
                         una gran guerra de fusiles. Y antes de que cualquier   Toda literatura, pues, está sobrevalorada. Y eso, en lo
                         buscador de fusiles me diga nada, deberé señalar que   sucesivo, al vendedor le sirve para provocar a los lec-
                         esta afirmación me la fusilé, entre otros, de Museo de la   tores de novelas, cuentos y poemas: «¡Qué bueno es
                         Novela de la Eterna (primera novela buena) de Mace-  Carver!», gritan éstos, «¡Hay que leer a Pizarnik!», «¡Viva
                         donio Fernández: «Todo se ha escrito, todo se ha dicho,   Mishima!», siguen gritando, y el vendedor, con la ma-
                         todo se ha hecho, oyó Dios que le decían y aún no había   yor seriedad posible, responde: «sobrevalorados».
                         creado el mundo, todavía no había nada. También eso   El problema es que los lectores aprovechan tal
                         ya me lo han dicho, repuso quizá desde la vieja, hendida   animosidad para pedir rebajas, y con razón, piensa el
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