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librería a conseguir un libro de texto; o la del hombre
de negocios para regalar a una mujer que corteja; o la
de un hombre de negocios que busca algo para entre-
tenerse durante su viaje. Mis compras más memorables
las he hecho en viajes, como transeúnte. Poseer y tener
están determinados por la táctica, y los coleccionistas
son personas con instinto táctico; según su experiencia,
la más pequeña tienda de antigüedades puede signifi-
car una fortaleza, y una papelería un lugar estratégico,
cuando quieren conquistar una ciudad. ¡Qué cantidad
de ciudades no he ido conociendo gracias a mis mar-
chas a la conquista de libros!
Sólo una parte de las compras más importantes in-
dudablemente se realiza en las visitas al distribuidor.
Los catálogos juegan un papel mucho más importante.
Y a pesar de que el comprador conozca muy bien el libro
que ha pedido por catálogo, el ejemplar será de cual-
quier forma una sorpresa y el pedido tendrá algo de
azaroso. Hay, al lado de desilusiones delicadas, hallazgos
afortunados. Así, me acuerdo de un día en que encargué
un libro con ilustraciones a color para mi vieja colec-
ción de libros infantiles, únicamente porque tenía cuen-
tos de Albert Ludwig Grimm y se había publicado en
Turingia por Grimma. Pero también de Grimma pro-
venía un libro de fábulas que el mismo Albert Ludwig
Grimm había editado. Y este libro de fábulas, que yo
había adquirido, con sus 16 ilustraciones, era el único
testimonio conservado de los inicios del gran ilustrador
alemán Lyser, quien vivió en Hamburgo a mediados del
siglo pasado. Pues bien, mi reacción a la conexión de los
nombres había sido precisa. También aquí nuevamente
descubría los trabajos de Lyser, a saber, la obra Linas
Mährchenbuch, que ha permanecido desconocida por
completo para sus bibliógrafos y que merece una refe- pelear en una subasta, debe fijar su atención tanto en el
rencia más detallada que ésta, la primera que hago. libro como en los demás ofertantes y además mantener
De ninguna manera la adquisición de libros tiene la cabeza bastante fría para no obstinarse en la pugna,
que ver sólo con cuestiones de dinero o de erudición. como sucede cotidianamente, y terminar obteniendo el
Incluso ambas cosas no son suficientes para la fun- libro a un alto precio más por una posición al final en
dación de una verdadera biblioteca, que siempre tie- la que se pugnó por cuestiones de hombría, que por
ne algo de impenetrable y de inconfundible al mismo el interés por el libro. En cambio, cuenta como de los
tiempo. Quien compra por catálogo debe poseer, a la recuerdos más hermosos del coleccionista el momento
par de lo mencionado, un muy buen olfato. Las fechas, cuando acudió en ayuda de un libro, en el que quizá no
los topónimos, los formatos, los propietarios anterio- hubiera pensado en la vida, por no hablar de un de-
res, la encuadernación y demás, todo eso debe decirle seo al dirigir la mirada, porque está abandonado en un
algo y no sólo en su árida singularidad, sino que esas mercado y muy a la mano y, como en el cuento de Las
cosas deben sonarle en conjunto y, según la armonía y mil y una noches, el príncipe compraba a la esclava, para
agudeza del acorde, debería poder reconocer si el libro él darle la libertad. Para el coleccionista de libros la ver-
le pertenece o no. De nuevo, son totalmente distintas dadera libertad de todos los libros está precisamente en
las capacidades que se le exigen al coleccionista en una algún lugar de sus libreros.
subasta. Para el lector de catálogo, debe hablar el libro Como recuerdo de mi más excitante experiencia
por sí mismo y en todo caso el propietario anterior, si en una subasta, todavía hoy sobresale de largas hileras
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la procedencia del ejemplar está marcada. Quien quiere de tomos en francés Peau de chagrin, de Balzac . Fue
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PALABRIJES 11 enero-junio 2014

