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vendedor a veces, pues si por él fuera con gusto les re-  tres años logran extenderse como enfermedad entre los
       galaría lo que al fin y al cabo no constituye sino un  lectores de filosofía, pero tal vez no haya un solo lugar
       montón de letras inservibles, dejadas ahí por tipos y  o ese lugar de emanación, antes ocupado exclusivamen-
       tipas tan pero tan dudosos y precarios que hasta nece-  te por la academia, hoy se encuentre desperdigado.
       sitaron escribirlas.                            En fin, la cuestión es que de un tiempo a esta parte
          De todas maneras el asunto queda ahí. Hay reba-  a varios les ha dado por joder a Schopenhauer. Y resulta
       jas, ciertamente, pero el vendedor no regala nada, entre  que a mí hoy me ha dado por joder a quienes joden
       otras razones porque los libros no son de él. Porque,  a Schopenhauer, como ese tipo del otro día que muy
       comparado con la mayoría de los (cada vez menos)  campante llega al local y con acento sudamericano sen-
       asiduos al local de Balderas, el vendedor posee una   tencia que «Schopenhauer es un pensador menooor».
       biblioteca minúscula; aunque en su casa, eso sí, siempre  Así es esto: a veces gente con bastantes problemas de
       lo estará esperando una pequeña e invaluable edición  toda índole arriba al local y cree encontrar en él —por-
       en piel de Hamlet y Macbeth.                  que los ansiolíticos no alcanzan— un receptáculo a sus
                                                     frustraciones. El problema es que esto no es una sede
       Un pensador menor                             de Pare de Sufrir; más bien, es casi todo lo contrario.
       La lectura de filosofía no escapa al decreto de la moda. En   Un pensador menor: ¿se trata de un agravio? Para
       realidad, no se trata de la filosofía, sino de los nombres de  el tipejo que caracterizó así a Schopenhauer sin duda
       los escritores o escritoras que por algún motivo, directo o  lo es, por la forma en que torció la boca al decirlo.
       indirecto, se encuentran adscritos al discurso filosófico.  Entonces el local, que está invadido de pensadores or-
       Walter Benjamin, por ejemplo, viene siendo moda des-  gullosamente menores, empezó a rugir (a veces lo hace),
       de hace qué, ¿cincuenta años?, y en ese sentido la moda  de tal modo que para calmarlo fue necesario alejar
       es un hecho afortunado porque Benjamin no sólo es   al personaje echando mano de un argumentum con el cual
       Benjamin sino que —en el terreno de la lectura— abre  nuestro pensador menor sin duda descolló: el vituperio.
       la compuerta a varios otros como Simmel y Kracauer
       y también mantiene moviéndose a Baudelaire y a Poe.   Un saludo
          El problema se plantea cuando la moda trae con-  Como se sabe, el daño provocado por el agua es irre-
       sigo la exclusión gratuita. Estaría bueno hallar el lugar  versible en un libro. Esto no es problema para quienes
       desde donde se decretan las listas negras que cada dos o  gustan de leer y no tienen inconvenientes si del libro han
                                                                                                              3
       PALABRIJES 11 enero-junio 2014
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