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Todo fue culpa de
KEROUAC
KEROUAC
Irais Morales
ecuerdo que nuestra casa era acogedora, Sus libros parecían ser los únicos muebles de su
en el interior, una cocineta y un diminuto confortable y amplia recámara; su padre, que vivía con
«Rcomedor eran suficientes para mí, mis tres ella, sabía de su gusto por la lectura y, siendo adinera-
hermanos y mis padres. dos, siempre decidía regalarle pilas de libros. Al final,
Una pequeña mensualidad era el costo de la casa fue la misma Selma la que le pidió una pluma fuente
que mi familia acababa de adquirir; a los cuartos se les para escribir, cosa que hacía frecuentemente. Cada que
tenía que cambiar el piso, pues la madera vieja y apo- escribía o concluía una historia guardaba sus libretas
lillada crujía a cada paso. «Una casa antigua»—le dijo donde nadie pudiera encontrarlas, y no cabía duda que
el vendedor a mi padre—. Y es que por 1,200 francos en una casa tan exorbitante como la que ella tenía, era
nos tuvimos que resignar a todas las imperfecciones y a fácil encontrar un escondrijo.
vivir casi uno encima del otro. Era la década de los cincuenta, Fidel Castro y su
Pronto nos acostumbramos al lugar y hasta pare- hermano Raúl encabezaban un levantamiento contra el
cíamos felices; sin embargo, la catástrofe llegó cuan- dictador cubano Fulgencio Batista. En Estados Unidos,
do yo cumplí quince años y mamá murió. Después de Marilyn Monroe inmortalizaba en la cinta La comezón
un tiempo mi padre nos abandonó. Mis hermanos y del séptimo año, su clásico vestido blanco y sus torneadas
yo tardamos mucho tiempo en salir de casa, estábamos piernas; mientras tanto en Francia, Selma miraba su re-
mugrosos, flacos y asustados porque no teníamos qué loj, encendía la radio y comenzaba a inquietarse.
comer. Yo y mi hermano menor Romaric fuimos los Romaric solía visitarla todas las tardes y llevar escri-
primeros en salir; caminamos mucho, sin rumbo. Per- tos a su casa. Para ambos, la atracción era un deseo avi-
didos, decidimos regresar a casa». vado por la literatura. Selma mordía sus uñas, caminaba
Selma relajó su muñeca, estiró los brazos y soltó la en círculos y luego salía de su cuarto resoplando —así
pluma fuente que su papá le regaló en su cumpleaños solía caminar por los alrededores de su casa—.
veinticinco. Romaric era el nombre de su prometido. La relación de ambos comenzó cuando él se mudó
Tal vez lo único cierto que escribía en sus historias era de París a la provincia de Lorena; un accidente fortuito
la muerte de su madre. Ella era hija única. en una cena que ofreció su padre los juntó. Después, su
48 PALABRIJES 11 enero-junio 2014

