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Libros y
SABORES
SABORES
Coral Lomelí
recinto: (del lat. re y cinctus, cercado, rodeado) 1. m. pastel mágico: malvaviscos derretidos en mantequilla
Espacio comprendido dentro de ciertos límites. DRAE y una vez convertidos en casi líquido, se les agregaba
una buena cantidad de arroz inflado, se revolvía todo
La experiencia estética es un tipo de experiencia que revela al sujeto, y la mezcla se dejaba enfriar en un refractario con for-
podríamos decir, involuntariamente. Sucede. Acontece. Y como tal ma rectangular enmantequillado para, una vez frío y
acontecimiento, implica un encuentro, en principio y esencialmente,
con lo bello. habiendo adoptado la forma del refractario, hacer una
Gabriela Goldstein. cuadrícula como la de los cuadernos de aritmética y así
partir el pastel en cuadrados deliciosos, mmmm.
uando hablamos de los recintos de los li- La consulta de esos libros es azarosa, los consulto
bros, ¿de qué hablamos? ¿De las bibliotecas? porque deseo sacar mis dotes culinarios a relucir (cosa
C¿De los libreros? ¿De las escuelas...? De los que sucede no tan a menudo como quisiera), o porque
muchos lugares que albergan a los libros. Hoy pode- el recuerdo de un sabor visita mi mente. Esos libros
mos hablar incluso de los recintos virtuales, esos que nos ponen en acción, es decir, tenemos que mover no
guardan cualquier cantidad de libros, esos que parecen sólo nuestros pensamientos, nuestra imaginación, sino
recintos sin límites. Hay un recinto de libros en mi casa nuestro cuerpo: hay que asomarse a la alacena para ver
que me gusta mucho, y según la hora del día en que con qué ingredientes contamos para cocinar ese pla-
consulto sus libros se despiertan con mayor o menor tillo, también hay que echarle un ojo al refrigerador;
intensidad diversos deseos y apetitos en mí, se trata de también habrá que averiguar si contamos con los uten-
un recinto por el que deambulan y emanan toda clase silios necesarios para su elaboración y, una vez que con-
de aromas y de donde se crean todo tipo de sabores: mi tamos con la información necesaria, manos a la obra. A
cocina. Sí, los libros también están en la cocina, empe- veces tenemos que comenzar por ir a hacernos de los
zando por los libros que guardan recetas, los hay lujosos ingredientes o los instrumentos que no encontramos
y los hay de encuadernaciones antiguas o rudimenta- en la cocina.
rias, también están aquéllos cuyas hojas ya sólo penden Tengo un libro de recetas que me encanta, se llama
de un hilo, o aquéllos que ya sólo abrazan a las hojas El mar en su cacerola, recetario editado por la entonces
con sus pastas, generalmente pastas duras y antiguas, (1984) Secretaría de Pesca. Desde la portada… ¿puedes
algunas hasta de piel con letras doradas, con hojas se- imaginarla? En primer plano está una cacerola grande
dosas por tanto ser acariciadas debido a la innumerable de barro de donde se asoman huachinangos, truchas,
cantidad de veces que han sido requeridas para seguir acamayas, almejas, ostiones en su concha, langostinos,
una receta, especialmente esos recetarios heredados de etc., y como fondo… el mar, mmmmm, con sólo ver la
las abuelas, esos libros que contienen esas recetas que portada se siente el mar, nos llegan sus aromas, su brisa
con sólo leerlas nos llevan a lugares y momentos remo- toca nuestra piel, nuestros oídos escuchan las gaviotas
tos o no tan remotos de nuestra vida. Hay un postre que vuelan ahí arriba y las olas que rompen cerca de
que descubrí cuando era pequeña, en la cocina de mi la cacerola. Sí, es todo un viaje, y ¡claro! se despiertan
casa: la receta la encontré hojeando un recetario gran- nuestros apetitos, nuestro deseo de ponernos a preparar
de y grueso de mi mamá, era un recetario sin fotogra- un ceviche, un arroz con pulpos en su tinta, una parri-
fías, entonces lo más maravilloso era imaginarse todos llada de mariscos, un vuelve a la vida. Este libro alber-
aquellos platillos donde se posaba mi lectura, como ese ga, además, una serie de reproducciones de grabados de
50 PALABRIJES 11 enero-junio 2014

