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Otro de mis textos favoritos que vive en la cocina  puede hacer es traerme estas que llaman ollas podri-
                         es El chile y otros picantes, del pionero de la defensa del  das, que mientras más podridas son, mejor huelen…»,
                         consumidor en México, Arturo Lomelí, un libro cu-  decía Sancho. En mi cocina también está Como agua
                         yas recetas necesariamente tienen como ingredientes  para chocolate, de Laura Esquivel, llamada novela por
                         uno, varios o muchos chiles. Su portada es la fotografía  entregas: una entrega mensual durante doce meses, co-
                         de un chile cuaresmeño rojo y brillante con su rabito  menzando por enero, acerca de lo que pasaba en una
                         verde, he aquí otro encuentro de artes: la fotografía, la  cocina mexicana a principios del siglo xx; lo que se co-
                         cocina, la literatura y las artes visuales, por los grabados  cinaba para una familia acomodada; las preparaciones
                         ilustradores. Este libro guarda diversas recetas de sal-  entremezcladas con la historia familiar; lo que pasó a
                         sas mexicanas: rojas, verdes, borrachas, de chiles asados,  lo largo de muchos eneros y el resto de los meses del
                         cocidos, crudos, etc.; de sopas picantes: chilpachole, de  año en esa casa; lo que aconteció en las vidas de todos y
                         ostiones con chipotle, de chile con queso, de tortilla  cada uno de sus miembros; contada la historia a través
                         con harto chile, de médula bien picosa, caldo tlalpeño,  de la voz de Tita, la bisnieta de la señora de la casa
                         pozole rojo o verde; o de pescados al ajillo, camarones  que había nacido en la cocina: entre ollas, comales, los
                         al aguachile, etc. Todos estos platillos que nos hacen  olores de una sopa de fideos, los del tomillo, el laurel,
                         sudar, que nos enchilan y que, como dice uno de los  el cilantro, los ajos y los llantos provocados por la ce-
                         capítulos del libro, titulado "El chile y su relación con  bolla y por las emociones de las mujeres que rodeaban
                         el inconsciente", sufrimos, sufrimos, pero somos maso-  a la niña mientras nacía. Como agua para chocolate es una
                         quistas, disfrutamos del ardor, nos encanta la sensación  historia de amor, de amor a la cocina, a los otros, a la
                         y no podemos dejar de comerlos, mmmmm, ¿será parte  vida; es una novela que no sólo nos detona el paladar,
                         de nuestra identidad como mexicanos?          sino que ha provocado otro tipo de creación, la creación
                            Y también están los libros que salieron de otro recin-  cinematográfica.
                         to, bien podría ser del estante de una librería, de la reco-  Otro de mis predilectos es  Cenando con los impre-
                         mendación de la sección de libros de alguno de nuestros  sionistas de Jocelyn Hackforth-Jones. Este libro me
                         periódicos predilectos, o de la biblioteca de alguno de  ha llevado a imaginarme compartiendo un picnic con
                         los amigos con quienes compartimos vicisitudes lite-  Edouard Manet o a sentirme almorzando a orillas del
                         rarias y gastronómicas. Son aquellas novelas, cuentos,  Sena con Pierre-Auguste Renoir o con George-Pierre
                         libros de poesía que de repente queremos llevarnos a  Seurat. Es un libro que nos muestra esa fascinante cone-
                         la cocina, para leerlos o para preparar los platillos que  xión entre los impresionistas, su arte y su amor a la comi-
                         acompañan a los protagonistas de nuestras aventuras  da, al vino y al disfrute social de la convivencia; a lo largo
                         literarias. Recuerdo ahora la novela  Los mares del sur,  de su lectura nos adentramos en el ambiente artístico de
                         del escritor español Manuel Vázquez Montalbán, cuyo  entonces (aprox. 1880-1920), y a través de la gran canti-
                         personaje principal, en todas sus novelas, es el detective  dad de imágenes de los cuadros impresionistas incluidos
                         privado Pepe Carvalho quien, entre los formidables en-  en este libro, se nos antoja la degustación de aquellos pla-
                         redos repletos de contradicciones, hace pausas en las que  tillos pintados y aquí acompañados de su respectiva re-
                         nos invita a paladear deliciosos y a veces extraños pla-  ceta. También encontramos cuadros como el de Claude
                         tillos porque, además de gozar de la averiguación, goza  Monet, «Étretat, la playa y el puerto de Amont», lugar a
                         de la cocina y mientras desenmaraña los misterios que  donde llegaban las pequeñas barcas cargadas de conchas:
                         envuelven los asesinatos, degustamos junto con él mag-  vieiras, almejas, ostras y mejillones para ser transportados
                         níficos platillos preparados por el mismísimo Carvalho.  a París y transformadas en manjares culinarios y pictó-
                            Un ejemplar que puedo encontrar ya sea en la coci-  ricos. En este libro podemos observar una innumerable
                         na acompañándome, en la mesa con mis invitados, en  cantidad de almuerzos sobre la hierba representados por
                         la mesa de noche de nuestra recámara o en mi sillón  Berthe Morisot, Paul Cézanne, Claude Monet, Édouard
                         de lectura predilecto, es Diez descansos de cocina, de Al-  Manet, Eugène Boudin, etc., imágenes que, además de
                         fonso Reyes, donde el autor revalora nuestros gustos y  despertar nuestros apetitos, despiertan nuestro interés
                         nuestras maneras de comer y de beber con su maestría  por la pintura, por la historia, por el arte.
                         intelectual y literaria. Y, ¿por qué no?, un volumen que a   En mi cocina, lleno de historia y de literatura, está
                         veces me acompaña en la cocina es El ingenioso hidalgo  sin duda El libro de todos los moles, de Paco Ignacio Taibo
                         Don Quijote de la Mancha, donde entre las fantasías y  i, que, como dice Alberto Ruy Sánchez, nos informa,
                         las aventuras de caballería, se nos atraviesan deliciosos  nos seduce, nos hace gozar con todos los sentidos. Es
                         manjares relacionados con las costumbres del momento  un rico compendio de ingredientes culturales que un
                         y con los gustos de un pueblo: «lo que el maestresala  platillo atesora y muestra, que se derrama generoso del
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