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brotado hongos, o cualquier otro tipo de flora asoma en- Norteamérica. La humedad, además de dejar el libro en
tre sus pliegues; con tal que las páginas se puedan pasar malas condiciones físicas, lo transforma al mismo tiempo
y las letras sean visibles (es decir, con tal que siga siendo en un objeto petulante, y esto les sucede incluso a aque-
un libro y no una maceta), no ponen objeciones. Pero llos libros que, como los de Enrique Krauze o Gabriel
como al local de Balderas acude la especie de lectores Zaid, ya lo son.
que fruncen el ceño ante el más imperceptible de los Es por eso que de mayo a septiembre el local de
dobleces (lo cual los autoriza a pedir rebajas de cin- Balderas sufre. La lluvia y el granizo por lo general es-
cuenta o sesenta por ciento), cualquier mínimo rastro pantan a la gente (cuestión que a veces se agradece, pues
de humedad resulta enemigo mortal. el local pasa por épocas de misantropía radical), pero la
La verdad, no es bonito leer un libro que quedó tieso amenaza más terrible se cierne sobre esas páginas que poco
debido a la acción de la lluvia, el mar, la nieve, el granizo, o nada saben de cambio climático y no tienen injerencia
el vino, el semen o el café. Para el lector enfrentado a un alguna en las «políticas ambientales», como el incom-
libro así, es como si la indudable malevolencia, arrogan- prensible quite de coladeras y la rigurosa tala de árboles
cia y desidia de sus lectores anteriores hubiese sido ad- llevadas a cabo sobre la avenida Balderas (desde Juárez
quirida por el libro en sí mismo, aunque éste lleve como hasta Chapultepec), ambas medidas adoptadas hace un
título Alicia a través del espejo o La pesca de truchas en año con motivo del paso de la Línea 3 del Metrobús.
4 PALABRIJES 11 enero-junio 2014

