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                      SIN VER
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                   ¿Y el libro en braille?






                                    Indudablemente, la curiosidad es una de las mejores aliadas
                                    del aprendizaje. He aquí una interesante anécdota de cómo
                                    el interés por acceder a lo «desconocido», y en cierta forma
                                    «prohibido», dio lugar a un proyecto de trabajo desafiante y
                                         enriquecedor para quienes tomaron parte en él.


                                                        Patricia Murillo



                                urante mis días de estudiante de licenciatu-  en un curso. Le pregunté por esa sala que me tenía in-
                                ra, eran frecuentes mis visitas a la Biblioteca  trigada y le platiqué mi añeja curiosidad. Me dijo que
                         DMéxico. En una de esas visitas, descubrí una  nos pondríamos de acuerdo y que ella haría lo posible
                         sala dedicada exclusivamente a invidentes. Observé a lo  para que yo pudiera tener acceso a ella, cosa que jamás
                         lejos a dos personas ciegas que apresuraban su paso ha-  ocurrió por una u otra razón.
                         cia esa sala. Mi curiosidad académica salió a flote y me   Por consiguiente, esas preguntas que parecía que
                         pregunté cómo sería una sala con estantería abierta para  pronto tendrían respuesta, volvieron a su escondite. Si
                         ciegos. Y, sobre todo, cómo sería un libro en braille. Así  lo pensamos, hay preguntas que parece que tienen vida:
                         nacieron las primeras preguntas sobre el tema que, aún  permanecen ocultas y silenciosas durante mucho tiem-
                         sin saberlo, me acompañarían durante mucho tiempo.  po, pero sabemos de  su existencia.  Sabemos que  ahí
                            Respiré  profundo  y  me dirigí  con  determinación  están, impacientes por salir en el momento que consi-
                         hacia esa sala. De pronto, un vigilante me salió al paso:  deran oportuno y adecuado.
                            —¿A dónde va?                                 Al llegar como profesora a la uacm, en el 2005,
                            —Quiero entrar— le contesté.               tuve en mi clase a mi primer alumno invidente: Fermín
                            —No se puede. Esta sala es exclusiva para ciegos.  Ponce. Él escribía sus notas en braille y varias veces de-
                            —Pero sólo quiero ver. Será un momento.    seé que las lecturas que le daba y los libros que dejaba
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                            —¡No se puede!— respondió ahora con un tono  en clase, también estuvieran en este sistema.  Así que se
                         agresivo y desafiante.                        sumó otra pregunta a las ya existentes, digo, para acom-
                            No insistí más. Ese día definitivamente no resolve-  pañar a las demás: ¿Se editan los libros en braille? Las
                         ría mi duda. Bueno, ni ese día ni en muchos más.  preguntas se reproducían más rápido de lo que yo podía
                            Años después supe que una de mis compañeras de  contestarlas.
                         la Facultad trabajaba en la Biblioteca México y, curio-  En el 2007, la uacm fundó el programa Letras Ha-
                         samente, al poco tiempo de saberlo, nos reencontramos  bladas, un centro donde lo principal es dar apoyo a alum-
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