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Pero después viene la alegría: el vendedor de libros   mienza a salir de donde quiera que se haya refugiado, los
                         entiende el juego y comienza a maniobrar con la an-  vendedores ambulantes reaparecen y con ellos los mu-
                         siedad de estos lectores. No le queda más opción que    chachos adictos al mon-ice. Es lógico: el olor a mon-ice se
                         inventar títulos de libros inexistentes, que es una mane-  aguanta, el de la historia no.
                         ra degradada de homenajear —o de insultar— a Borges
                         y su idea de un posible libro compuesto «por una serie   Ausente ausencia de Arlt
                         de prólogos de libros que no existen». No se trata de   Hasta hace no mucho tiempo la llegada del 26 de julio
                         inventar autores, nada de eso, sino de agregar con un   era motivo de celebración popular en Latinoamérica.
                         poquito de malicia algunos cuantos títulos a la biblio-  Tal vez lo siga siendo para bastantes, aunque para otros
                         grafía de un autor. ¿Ya leyó Estridencia de Gombrowicz?    sólo se trata de una fecha más bien triste: simplemente
                         ¿No? ¡Lástima! Lo vendimos recién ayer, pero tal vez   es el día en que a los 42 años murió Roberto Arlt. Y
                         nos llegue otro ejemplar la próxima semana.   con la ausencia de Arlt desaparecieron de la lengua es-
                            Y así, tan fácil, en los ojos de estos lectores comien-  pañola los técnicos abocados a engranajes de este estilo:
                         za a brillar una chispa capaz de alejarlos al menos por   «no te diré nunca cómo fui hundiéndome día tras día
                         un rato de su tristeza bucólica de Yaloleí. Por supuesto,   entre los hombres perdidos, ladrones y asesinos, y mu-
                         si a la semana siguiente Yaloleí —que ha buscado en   jeres que tienen la piel del rostro más áspera que piel
                         Internet, obviamente sin éxito, cualquier rastro de Es-  agrietada». O de este otro: «la mujer deja su sartén en
                         tridencia—, viene blandiendo un cuchillo dispuesto a   el suelo y se tiende en la cama, con una sonrisa desga-
                         ajusticiar al farsante vendedor, éste siempre se podrá   rrada mientras entreabre las crines que le ennegrecen el
                         escudar en la disparidad de las malditas traducciones y   sexo». O de este otro: «Hablaba sordamente, sin inte-
                         depositar todo el peso de la culpa en los hombros de las   rrupciones, como si recitara una lección grabada al frío
                         editoriales españolas. Joder.                 por infinitas atmósferas de presión, en el plano de su
                                                                       conciencia oscura».
                         El historiador                                   Pero la ausencia de Arlt se da también en los es-
                         Pasa como una vez al mes, pero pasa. El historiador. Tie-  tantes de las librerías, al menos en los estantes de las
                         ne pinta de profesor universitario, salvo por los zapatos   librerías ubicadas hacia el hemisferio Norte del conti-
                         con hoyos, la camisa rasgada y una muy curiosa cachucha   nente americano. En el local de Balderas, sin ir más le-
                         de goma que se le cae todo el tiempo. También habla   jos, y aun cuando hay quienes tímidamente preguntan
                         como lo haría un conferencista salido del Instituto de   por Arlt, se ausenta incluso El juguete rabioso, tal vez su
                         Investigaciones Históricas, salvo por sus frecuentes «se   novela más conocida. Ni qué decir de El amor brujo,
                         lo cargó la chingada»y sus intempestivos «hijos de toda   su novela tal vez más desconocida y también más floja,
                         su perra madre». ¿De dónde salió? Tal vez directamente   o de El criador de gorilas, aquel volumen extraordinario
                         de Artículo 123, aunque para ser justos consignaremos    de sus «cuentos africanos».
                         que el historiador no huele a mon-ice. Huele a mierda,   Sin embargo, existe la sospecha de que los libros
                         huele a mugre, huele a perro muerto, es decir huele a   de Roberto Arlt se hallen escondidos tras las noventa
                         historia, pero no a mon-ice.                  mil ediciones de las obras completas de Borges o tras
                            Por esto, durante el rato en que el historiador se para   ese mamotreto espeluznante de Bioy Casares, también
                         frente a las repisas del local y maldice las nuevas y bien   llamado  Borges. Pobre Borges, la verdad, siempre se
                         cuidadas ediciones de Florescano, Cosío Villegas y algu-  lo incrimina de alguna manera en la desaparición de
                         na añeja biografía de Juárez, a nadie se le ocurre ni tan   Arlt, aunque, como decía Oscar Masotta (otro muerto
                         siquiera pasar cerca de ahí. Es como si durante ese lapso   prematuro), los integrantes de «la derecha intelectual
                         se instalara en Balderas un desierto donde el único per-  jamás han sujetado un libro de Arlt entre los dedos».
                         sonaje visible es un harapiento que escupe sobre libros de   En  México, donde la  derecha  intelectual  por  su-
                         historia y proclama, entre otras, la tesis de la simulación   puesto adora a Borges y la izquierda intelectual no
                         del fusilamiento de Maximiliano y su consiguiente re-  existe, la ausencia de Arlt —y la de tantos otros— pasa
                         legamiento (¡hasta hoy!) en un pueblito de El Salvador.    inadvertida, como Erdosain el humillado.
                         «Si no me creen —remata el historiador ante los libros,
                         apretando su cachucha de goma entre las manos—, me
                         vale pa pura verga. Aquí mero he visto correr más sangre   Simón vende libros usados en el corredor comercial de Balderas, a un costado de la Biblioteca
                         que todos ustedes juntos, pinche bola de ojetes».  México. A ratos intenta leer (el periódico), pero el barullo infernal, gentileza de los bocinazos, la
                            Al retirarse el historiador, el vendedor al fin logra   banda norteña y las máquinas de esquimos, se lo impide. Es una de las razones por las cuales
                         expulsar el aire retenido en sus pulmones. La gente co-  decidió desquitarse escribiendo textos breves acerca de su triste actividad.
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