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Divagaciones sobre ciertos aspectos


                                           del habla de los



                          CHILANGOS






                                                    o quién sabe qué*





                              La lengua y sus hablantes se (de) forman constantemente en su cercana lejanía.
                                          Aquí un ejemplo urdido entre el español y los chilangos.


                                                             Martín Cinzano




                            …una lengua no puede por sí misma más que hablar de sí misma.    lengua que supuestamente no lo reconoce, el discurso
                                      Sólo se puede hablar de una lengua en esa lengua.    de la lengua arrogante.
                                          Aunque sea poniéndola fuera de sí misma.    Pero como todos estamos en el juego de esa red (así
                                                          Jacques Derrida
                                                                       nos lo enseñaron Gramsci y Foucault), y como también
                                                                       la lengua de la calle, y sobre todo ella, se somete a esa
                        ¿    Cómo asumir la hostilidad del Distrito Federal?   estamos afirmando y, de algún modo, contribuimos a
                                                                       ideología, a ese «idiolecto» del poder, todos los días lo

                             A través de su lengua. A través del idioma de los
                                                                       su quietud y a su engrandecimiento. En este sentido, la
                             chilangos, digamos, el idioma que acontece en la   teoría de Octavio Paz, en el caso específico de México,
                         superficie del d.f., a un nivel cohesivo (aunque entre   sigue siendo un paradigma y nos sigue sirviendo para
                         toda cohesión de la lengua se entrevea siempre una   actualizar de modo distinto una premisa que, creo,
                         coherencia y, en último término, una semántica). Pero   formuló Michelet: la cultura, su rigidez y su ruptura,
                         no quiero hablar aquí de una semántica con un doblez   son en última instancia la expresión del estado de su
                         tan unidireccional como el del albur (porque si me meto   lengua, aun cuando esa lengua no sea sino la expresión
                         con el albur mexicano, caigo en sus redes, pues de algún   del silencio.
                         modo ahí se me impone un doble sentido como un único   En el caso de los chilangos, me parece, gana la
                         Sentido), sino más bien de una semántica dispuesta   rigidez. Hay una hipercorrección en el español de los
                         hacia la imagen figurativa. En pocas palabras, de las   chilangos —incluso cuando se intenta trasponer ha-
                         imágenes radicales, los espacios de significación con los   cia la trasgresión de sus parámetros— que quizás los
                         que algunos chilangos se las arreglan para abastecerse   traslade hacia una suerte de «autoidealización distrital»
                         de una lengua que ha sido, y es hoy, invadida por su   basada, por cierto, en la orgullosa autoironía de consi-
                         propia historia institucional, ese vicio de la palabra tan   derarse viviendo en una ciudad impresionante, triste,
                         caro al lenguaje político cuando parlotea diciendo que,   mugrosa, hecha pedazos, todo lo que quieran, pero
                         en el fondo, no ha dicho nada. Espacios de significación   impresionante. Así, esta hipercorrección dice mucho a
                         utilizados, también, en todos los mecanismos de la cultu-  la hora de ubicar el lugar en el cual el d.f. se acomoda
                         ra, pero acumulados implacablemente en la producción   frente al resto de la República, es decir, el lugar de su
                         nefasta de los estereotipos, a través de los cuales las   soberanía, la soberbia propiamente dicha: no hace falta
                         mismas instituciones se revelan, hoy y siempre, como   recordar cómo los chilangos caricaturizan, por poner
                         estructuras inexistentes frente a la única y poderosa   un ejemplo, a los tabasqueños, condenados (igual que
                         institución transocial que les confiere su materialidad   un servidor) a aspirar las sibilantes por el resto de sus
                         rimbombante: una sola lengua, la lengua del poder y la   días, ejemplo que bien puede trasladarse hacia las le-
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