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contrapunto genial de las páginas finales de Los es mi novia de mí. Y ya que hablo de mi novia —una
Detectives Salvajes, más bien me he ido para otra parte, escandalosa novia-puta, sin remordimientos, pero
ni lejos ni cerca. Parece que me he ido hacia la literatura, torturada y flagelada—, podría hablar también de una
cuando de lo que quería hablar era de las imágenes de de sus muletillas chilangas más reiteradas: «y quién
significación en el habla de los chilangos, o, bueno, sabe qué», lo cual no evoca muchas imágenes pero sí
de lo que escucho cuando estoy ante el habla hospitalaria de muchas intrigas al respecto, porque uno puede llegar a
mi lengua mexicana; de algún modo me pega con especular que nadie sabe nada de nada o que el sujeto
una sintaxis y una pronunciación correctísimas, pero «quién» sabe algo indeterminado llamado «qué», a
salpicada con construcciones hiperbólicas cuyo destino pesar de que es muy evidente cuando mi novia prefiere
inmediato es la ironía y la autoironía, el sarcasmo y la ironizar y decir «quién sabe qué», como para referirse a
descalificación, reírse ácidamente de sí misma y de los alguna mentira charlatana o, lo que es casi igual, a un
demás. Por suerte, el humor es un diamante incrustado cotorreo a ojos vistas proveniente de quién sabe qué.
en el habla de mi lengua chilanga , y quizás ese humor la Pero, entre otras muchas, la expresión que para mí se
salvará de su inmovilidad y de su propia soberbia frente lleva, gracias a su imagen evocada, todos los premios,
al resto, mas es muy poco probable que le arranque algo a es: «hasta casa de la chingada». Cuando algo queda muy
la manifiesta entropía del orden político mexicano, pues lejos, cuando sin duda mi novia ha decidido que no irá
pareciera ser que el gran valor de ese humor consiste jamás hacia allá, pues es porque ese allá queda, entonces,
en reconocerse, sin más, en su carácter antiutópico, «hasta casa de la chingada». ¿Se puede uno imaginar
en la afirmación apática de la soberanía individual, no algo más allá de eso? No lo sé, pero cuando pienso en
colectiva. la casa de la chingada, veo una casa verde en medio del
Probablemente estoy hablando demasiado, ¿no? desierto y en cuya puerta de entrada siempre hay una
Chilanguiza toda, no me crean un carajo: nada más llevo viejita barriendo. José Agustín nos da noticias de un
un año escuchándolos, apenas parcialmente, y ya me las hombre que volvió de la chingada, en un extraordinario
estoy dando hasta de pitonisa, cómo ven. Sería menos cuento del mismo nombre, pero no nos dice nada res-
arriesgado no hacer tantas olas, irme bajita la T. ¿No pecto a una casa y menos a una casa verde. La cuestión
hablará acá, más bien, un resentido que ajpirah lasibi- es que yo sí veo una casa verde y veo a una vieja muy
lanteh, un hispanohablante —y extranjero— condenado arrugada barriendo sin parar, y, en cierta forma, pienso
a hablar su lengua que no es suya? Pero todos estamos que esa vieja sabe que nunca terminará de barrer y de
en esa impropiedad y en esa extrañeza con respecto algún modo misterioso presiente que nunca nadie irá
a nuestra lengua, que, aún en esa impropiedad, sigue en su ayuda, porque nadie está dispuesto a ir hasta allá,
siendo nuestra, algo de lo cual nos alejamos sin poder hasta su casa de la chingada. Pero, al menos por ahora,
hacerlo nunca del todo. Por suerte, o por desgracia. la viejita seguirá barriendo, sola y un poco cabreada de
«¿Qué sueño?», pregunta Derrida: «No dañar tanta soledad inútil, mentando madres en su lengua que
la lengua (no hay nada que respete y ame tanto)». Y no es suya y esperando (armada de un escepticismo de
bien, yo también amo a mi lengua, a mi lengua celosa hierro) que alguno de sus congéneres invente, con esa
cuando no estoy con ella y cuando no le pego ni me misma lengua incierta y en cuya red ella está atrapada,
pega. Por eso el humor y el juego de la lengua y no la algo más allá de la chingada, algo más allá de la lengua.
lengua propiamente dicha (finalmente, ¿existe la lengua
propiamente dicha?) son de mi incumbencia: arriesgarse
con ella significa, después de todo, amarla nuevamente, * Una versión de este texto ha sido publicada en el libro de Martín Cinzano,
Perdido, México, uacm, 2011.
jugarse junto a ella. Jugar a ser el chulo, el padrote, el 1 Roland Barthes, citando una frase en la que Renan desacredita la capacidad
cafiche de una lengua que, mientras más se prostituye, de la lengua francesa en tanto órgano reaccionario (debido a su origen
más réditos —literarios o no— me entrega. y formación, según Renan, en la razón y en la democracia), concluye:
En el caso de los mexicanos, para mí una variante «Pero la lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria
ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste
de ese juego se presenta, entre muchas otras, con esa en impedir decir, sino en obligar a decir». (El Placer del Texto y Lección
construcción tautológica notable y que, con estupor, me inaugural).
suena también a candidez: «Su mamá de x». Qué bien.
«Su mamá de x», ¿cómo suena eso? Suena a que x posee
una mamá que, indefectiblemente y sin lugar a dudas, Martín, zurdo, jardinero central. Nació en Guayakill en 1977; diez años después se coronó campeón nacional en
es de x. Pura gramaticalidad plegada sobre sí misma. el puerto de San Antonio, Chile. En México se desplazó por los tres jardines, vistiendo los colores de FiloBeis. Debido
a su baja estatura, jamás fue considerado para el puesto de primera base; tal vez por eso escribe.
Dicho de pasada, ya que estamos, yo soy su novio de mi
lengua, cuestión que vendría a significar que la lengua
PALABRIJES 12 JULIO-DICIEMBRE 2014 39

