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—¿Eres capaz de enseñar el miembro en público? El habla del mexicano llegó a ser popular y ca-
—¿Por quién me tomas? chonda; y el barrio de Tepito fungió como un verdadero
precursor de este fenómeno del habla popular, de un
Muchas veces en los alrededores del barrio de juego simbólico con ciertos signos que se convirtieron
Tepito llegaban a instalarse algunas carpas: «las carpas de manera dinámica en un conjunto que marcó la
eran pobres, mal vestidas e inestables, y aparecían en identidad del barrio.
cualquier esquina de la barriada proletaria. Se adornaban
con trapos y focos de colores, y sostenían sus lienzos —Entre la barriada, rifa la neta con su clarín y
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remendados sobre armazones de tablas». La gente corneta.
de Tepito las recibía con agrado, hubo participantes
destacados como Cantinflas y Resortes. Este último En el vocabulario de los habitantes de Tepito,
decía: «estaba yo hecho para esos públicos y a veces no todos son grandes intelectuales en las diferentes
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me la pasaba echando diez minutos albures con ellos»; ciencias, pero sí viven ahí todos aquellos que no tienen
quienes conocieron a este singular tepiteño, célebre por nombre: el artesano, el cargador o diablero, la marchan-
pelar tamaños ojotes y parar la trompa al grito de «Ayyy ta, el oficinista, el cilindrero, la lavandera, el doctor, la
mamachita», sabrán que lo anterior no es exageración, partera, el mecánico, el panadero, el talabartero, el car-
por ello mismo se identificaba con el barrio y el barrio pintero, el litógrafo, el taxista, el plomero, el merolico,
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con él. Tanto Cantinflas como Resortes, entre otros y un largo etcétera de los oficios que permanecen ahí.
cómicos, se iban con la influencia de las palabrerías de Todos cuentan con un vocabulario extenso, patentado,
aquella audiencia brava. Hay que destacar que el empleo creado y reconstruido por ellos, pues en Tepito hay pa-
del lenguaje de los tepiteños siempre va marcado por labras para cualquier ocasión: para charlar, para robar,
actitudes de lealtad, orgullo y valoración. achicalar, maltratar, ñerear, cotorrear, vender, regañar,
para el amarre, arrimar y cachondear, barbear, vacilar,
—Conozca México, visite Tepito hasta regalar.
—Si un turista viene a visitar Tepito y anda en busca
de un autobús y nos pregunta dónde está la parada, somos Para saludar:
tan amables que le damos esta información: donde quiera, —¿Cómo estanques?
está a sus órdenes. —¿Qué ondón, Ramón, con el camarón?
—¿Qué hongo, jorongo, tepetongo, morongo?
Así la lengua se iba soltando se reafirmaba para —¿Cómo Estados Unidos?
ser punto clave de la identidad del mexicano; el escritor
Monsiváis lo sabía muy bien: Para responder:
—Yo pensé que ya estabas morongas, pero nopales,
¡Qué gacho y qué chido, mi cuate! Hijo mano, así ha- estás bien vivorobas.
blábamos en México en los años 30, cuando nos dio
por soltarnos las amarras del lenguaje refranero y Para ir al baño:
muy hispano del siglo xix, y surgió el habla urbana, —¡Voy a sacar la carne de la olla!
del barrio bajo y del quinto patio, de «ahí va el golpe» y —¡Voy a echar a nadar al topo!
el «arrímate mi prieta», cuando Cantinflas extravió la —¡Voy a Zacatecas la Cacahuamilpa!
sintaxis y quién más quién menos todos se esmeraron
en «mexicanizar» el idioma, poniéndolo ante el espejo Para enamorar:
del desmadre, e inventando términos que la publicidad —Quisiera ser mariachi para tocarte la cucaracha.
modificaba al instante. 7 —Si tu cuerpo fuera cárcel y tus brazos cadenas qué
bonito sitio para cumplir mi condena.
PALABRIJES 12 JULIO-DICIEMBRE 2014 41

