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de Tepito existe desde otra perspectiva del lenguaje. Los  rresponde según su ingenio; conforme a sus habilidades
                         participantes elaboraron definiciones acerca del albur  para pensar con presteza, de acuerdo con su pericia y
                         e incursionaron en el juego:                  según su aplomo. «Hay quienes jamás echan albures;
                                                                       afirman que son “impropios” en vez de confesar que
                             —Soy una simple ama de casa y desde mi punto de   carecen del don divino que se llama gracia». 15
                         vista, alburear no es repetir fórmulas ya escritas para la   Es importante reconocer que este tipo de Diploma-
                         autodefensa. Alburear con mayúsculas, consiste en introducir   dos sólo se ha hecho en el barrio bravo de Tepito, donde
                         por cualquier orificio nuestro tolete vengador, setecientas   se constatan los grados de elaboración y complejidad del
                         veces o las que hagan falta, hasta amacizarle al oponente   albur, y se representa como un hecho social y una cons-
                         una tunda por donde nunca ha luchado y con la que nunca   trucción simbólica interactiva, que no sólo representa
                         había ejercitado la mente.                    al barrio de Tepito, sino a todos los mexicanos, porque
                             —Alburear es domar con la lengua, florear con la   son ellos los dueños de las palabras, no los señores de
                         reata, capotear con la espada, ajedrecear con las palabras.  la Real Lengua Española.
                         Alburear no es tener el sexo  con la boca (eso tiene otro   El albur no es un hecho que pase inadvertido, al
                         nombre) tampoco  una sucia artimaña que a las mujeres   contrario, es la expresión más viva de la clase popular
                         se les impone, cuando se ríen al escuchar lo que se les trata   del mexicano, y el barrio de Tepito lo pone muy en
                         de ocultar. Hay albur espanta suegras, albur que atiza el  alto. Urdanuvia, invitado especial en el Diplomado,
                         oído y hasta albures para el chiquito.        recuerda las palabras de Carlos Fuentes: «Latinoamé-
                             —Yo me quise clavar dándole duro al texto que me  rica debe inventar su lenguaje. Hay pocas invenciones
                         pidieron, pero terminaba en el hoyo sin que se abriera la   con mayor poder de difusión que el albur en México,
                         cabeza para meter unas cuantas palabras en un ínfimo   depósito inagotable de impertinencias convertidas en
                         escrito. A mí se me hace que padezco de rigidez social o que   gustos que nos ayuda a sacarle la lengua a la vida». Y
                         por distraída con tanto miembro de este curso se me pelaron   Alfonso completa: «y en Tepito Tenemos una lengua
                         todas las enseñanzas grandes y profundas que los maestros  muy rica, ¡sin albur!». 16
                         sabiamente introdujeron en las clases.            Podemos decir que el lenguaje dentro del barrio
                                                                       de Tepito cumple funciones importantes: como forma
                             Esta productividad lingüística es patrimonio  de resistencia y patrimonio cultural, así como de capital
                         colectivo del que cada quien toma la parte que le co-  lingüístico.






































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