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       a darme algunas respuestas. La protagonista es una  de felicidad». Al final de estos renglones reflexiono y
       mujer sin estudios, en ocasiones se cuestiona poquito,   creo que me resulta embriagadora la experiencia que
       por ejemplo, por qué le gusta poner azúcar a su café, o  recibo acerca de cómo escribir y por qué surge ese deseo,
       si pintarse los labios de rojo la hará parecerse a Marilyn  pero, si a este hecho le sumamos el trazo perfecto de la
       Monroe, mas no hay otro tipo de pensamientos. Quizá  pluma que nos cuenta la fatídica historia de Macabea y
       los de ella hubiesen conducido desde esa simplicidad a  sus infortunios, entonces no puedo más que sentirme
       un mundo más complejizado, dado que es en ese proceso   satisfecha porque fui tocada por el arte de la escritura
       de curiosear donde radica el principio de la filosofía,  para siempre.
       aunque para Macabea no fue así, pero no me atrevo a   Como es de suponerse, esta novela no nos condu-
       contarles el final.                           cirá a experimentar felicidad, pero sí a meditar sobre
           Si nos adentramos en los artilugios de la escritura  el acto de escribir y la envergadura que una obra puede
       para comprender su valor literario, encontramos que  darle a la pobreza que nadie quiere mirar; a la margi-
       a este fenómeno, cuyo desarrollo se vuelve el objeto   nación que a nadie parece importarle, sino estorbarle;
       mismo de la narración, se le llama metaficción. Y no  a los analfabetas a quienes casi nadie quiere escuchar;
       solamente sucede con la escritura, sino con cualquier  y a los solitarios porque se aproximan al universo de la
       otra manifestación del arte donde se puede observar  locura, a decir de algunos. Resulta primordial evidenciar
       la descripción de cómo fue concebida una determinada  la imposibilidad latente de habitar en una sociedad
       obra. Incluso también existe la metaficción cuando  donde todos tengamos las mismas oportunidades:
       los personajes literarios, cinematográficos o perfor-  «[...] no esperen, pues, estrellas en lo que sigue: nada
       manceros, salen por un momento de la ficción de la  brillará, se trata de un material opaco y por su propia
       obra de arte para mostrar que saben que son parte de  naturaleza despreciable para todos». 7
       ella, como lo es el hecho de que un personaje mire a   Los invito pues a leer una novela corta, pero su-
       la cámara, lo que sucede con Woody Allen, o cuando  mamente penetrante. Su concisión alcanza a herir a un
       Velázquez se autorretrata en sus meninas mirando al  alma desconsolada que precise encontrarse con algo que
       espectador en el momento mismo del acto de pintar. De  le haga identificarse; no prometo una sonrisa, pero sí un
       tal manera, los artistas hilan su ficción con el espacio  guiño de inteligencia para todos aquellos que se sientan
       de lo real. En este sentido la metaficción está presente  solos o tengan deseos de emprender el camino de la
       en la novela, porque trata de la dificultad de escribirla:  escritura y de tratar de examinar su propia existencia.
       relato que aparece en forma de una confesión escrita
       en primera persona.
           Me explicaré mejor en relación con las caracte-  1  Greta Rivara, Marguerite Duras o la sagrada escritura, p. 167.
       rísticas discursivas de La hora de la estrella. La materia   2  Clarice Lispector, La hora de la estrella, p. 14.
       de la escritura surge supuestamente de la realidad, hay   3  Ibid., p. 17-27.
       además una buena parte de la obra donde la labor de   4  Ibid., p. 9-10.
                                                     5  Ibid., p. 13.
       escribir se complica y Lispector lo confiesa. A su vez, la   6  Ibid., p. 13.
       autora inventa un personaje que en la literatura suele   7  Ibid., p. 17.
       llamarse alter ego, esto significa que la escritora se refleja   Bibliografía
       en su escritura; en la novela decide utilizar «su otro yo»,   Lispector, Clarice, La hora de la estrella, Siruela, Madrid, 2001.
       que en este lance será un personaje-escritor-masculino   Rivara Kamaji, Greta, Marguerite Duras o la sagrada escritura, México, 1997,
       decidido a detallar la vida de un personaje solitario,   Repositorio de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, en http://bit.
                                                       ly/1achZfE, consultado el 5 de abril de 2014.
       humillado y triste. No obstante, quizá, también su alter
       ego femenino sea también representado en la propia
       Macabea, no por su analfabetismo, pero sí por su ser
       adolorido.
           Estoy trazando estas ideas y pienso una vez más:
       ¡qué novela tan magnífica!, ¿cómo es posible que además
       de contar por qué, para qué y cómo se escribe, se pueda
       explicar de una forma tan bella lo que para Lispector
       significa cada una de las líneas, comparando poética-
       mente las palabras con el canto? «Así es que canto,
       fuerte y aguda, una melodía sincopada y estridente: es   Violeta es amante de la lectura y el cine, así que las narraciones se han vuelto y han sido ya, desde hace muchos
                                                     años, el componente lúdico de sus ensoñaciones y el constructo inconsciente de su realidad.
       mi propio dolor, yo que sobrellevo el mundo y la falta
       PALABRIJES 12 JULIO-DICIEMBRE 2014                                                                    53
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