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Pero ella rehuía mis preguntas orientando la con- Rodeado de los pasajeros de Aeroflot, conversa-
versación rumbo a la vida de los amigos y parientes que ciones en ruso y tragos de vodka, reconocí mi orfandad.
frecuentaba. Su tono de voz era optimista cuando me Quisiera creer que estoy secuestrado en un planeta
hacía el relato de sus viajes por los comercios de Houston que se parece al mío, pero que no es el mismo. Como
y subrayaba el bajo costo de las compras. Un sicólogo, en los sueños y pesadillas, camino por los puentes de
coronel de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, Leningrado y, sin embargo, es otra ciudad con la misma
prescribió que ni mi esposa ni nadie me pusieran al tanto fisonomía.
de las transformaciones en la urss, pero eso lo sabría Svetlana no hizo fiesta alguna a mi regreso. Encon-
después. Según él, mi identidad como individuo estaba tré en mi buzón una carta suya que rompí. Anotó que se
en riesgo, y en consecuencia la coherencia y veracidad marchaba porque se había enamorado de otro hombre
de mis palabras; necesitaría un tiempo de transición. en mi ausencia. Escribió que no era culpa de ella ni mía,
Me acercaron libros, discos y películas soviéticas, hubo sino de la vida, y me pedía perdón. Necesito pensar que,
comidas con un menú que pretendía ser ruso; pero esa sin mi sueldo, la pobreza y soledad la asediaron, pues
lenta vuelta a casa no tenía ejemplares de Pravda ni de ahora es preciso pagar con muchos rublos porque valen
otro periódico soviético. muy poco. Las tiendas están llenas de artículos que antes
Un equipo de oficiales francoamericano me no existían, pero solamente los ricos pueden comprarlos
interrogó con la suavidad que el ejército puede ofre- porque, además del precio, empiezan a ser gravados.
cer. Pude eludir muchas preguntas. Los servicios de Impuestos. Como en tiempos zaristas.
inteligencia militar jamás oyeron de mis labios las Mi abuelo y mi padre vieron correr el Neva desde la
coordenadas de las explosiones que controlé, ni el ventana de este departamento que me heredaron. Ver el
éxito: la radiación no rebasó el perímetro previsto. río me dio quietud al morir mi padre. Sentía consuelo al
Los yacimientos de uranio, expliqué una y otra vez, pensar que ellos, como yo, crecieron viendo esas aguas.
con falsedad persuasiva, eran pobres. En cuanto a Mirar el Neva hilvanó el destino de una familia. Ahora
las pruebas de balística, respondí parcialmente a los sólo puedo entrever la mitad de esa corriente, porque
cuestionamientos. Vi que un miembro identificado la otra está oculta detrás de un anuncio espectacular
como parte del personal de la embajada soviética de tenis Nike.
presenciaba, con fastidio, las entrevistas detrás de El Centro de Investigaciones Espaciales no ha
un cristal. Busqué en sus ojos y en la expresión de su operado. Boris Yeltsin declaró que era incosteable en
cara algún gesto de simpatía, un punto de contacto, estos momentos para Rusia. Soy un desempleado.
pero me esquivó en todo momento. No puedo aceptar que estoy en la Tierra.
El periodo de cuarentena se extendió más de lo ¿Dónde está mi patria, la de aquella bandera que se
regular. Svetlana volvería a casa. Llamó para decirme, mecía como una flama coronada por la hoz y el martillo?
entre nerviosa y seria, que la embajada le había adver- En estas olimpiadas, las delegaciones deportivas rusas
tido que no tenía fondos para pagar su estancia por portaron un frío lienzo blanco con los aros olímpicos
más tiempo. estampados. Ni la televisión pudo atenuar el luto en
Quise gritarle: ¡No puedes irte, te necesito! Pero los rostros de los atletas cuando elevaban las preseas de
quién pagaría los gastos. ¿Tú?, me preguntó antes de oro y plata en señal triunfo. No tenían a quién ofren-
colgar el teléfono. darle su victoria.
«Es seguro que su esposa le organizará una bien- Extraño a la Sombra.
venida, mayor. Su regreso será motivo de festejo. Las Allá, en la inmensidad y el silencio, es probable
fiestas son casi necesarias en estos momentos de incer- que Dios escuchara mi voz, la voz de su criatura.
tidumbre; quizá para usted haya sido mejor estar lejos»,
me dijo un funcionario del consulado al tiempo que me
entregaba un pasaporte nuevo en la sala de abordar.
Me dio la espalda y se marchó antes de que yo pudiera
despegar la vista del pasaporte.
El documento me informaba, oficialmente, que
yo ya no era soviético.
Mi rescate no fue un acto de solidaridad o huma- Carmen nació (y a mucha honra) en León, Gto. Ha sido guionista para Discovery Channel, reportera y colabo-
nitario. Se trató de una costosa labor de inteligencia mi- radora de El Nuevo Herald (Miami), profesora de Creative Writing en Florida International University, cofundadora
litar: la captura de un satélite humano con información y profesora de la licenciatura en Creación Literaria de la uacm. Su lema: «No me dejen en mis propias manos».
clasificada y no el rescate de un hombre vivo.
58 PALABRIJES 12 JULIO-DICIEMBRE 2014

