Page 28 - P13
P. 28

cASH











                                                            Carmen Ros



                               Fluir entre distintas ideologías en la vida cotidiana puede ser jocoso,
                                        contradictorio, confuso, o francamente paradójico.



                             swaldo se había despertado temprano; quería  hasta el Golfo de México había perdido su fragancia.
                             irse a trabajar sin premuras ni carreras.  En  La fisonomía de la ciudad lo desencantó desde la primera
                     Ola cocina, mientras preparaba café, prendió  semana. Encontró monótonos la exhuberancia del verdor
                      el radio. Era estimulante escuchar a los locutores de   y sus matices, así como el trazo y la cara de las calles.
                      la cmq, de Miami, lanzando injurias a todo cuanto   Una ciudad de utilería, montable y desmontable como
                      se desplazara un grado, o menos, de la derecha cubana de  set cinematográfico. Un maniquí sin el alma de otras
                      los años sesenta. La acusación de los conductores siem-  latitudes, en donde las ciudades echan sus raíces hasta las
                      pre era igual: ¡Esos comunistas de mierda!    plataformas continentales y nutren su carácter. Un día
                          Oswaldo, acicateado por el discurso radial, esa  cayó en sus manos la biografía de Ibn Seud, el fundador
                      mañana espetó a las bocinas: Qué sabes tú, coño, de  de Arabia Saudita. El biógrafo sostenía que Seud había
                      comunismo, ¿eh? Confundes castrismo con socialis-  aprendido que, para sobrevivir en el desierto, el coraje
                      mo, comemierda. Claro, si te fuiste apenas llegó Fidel.  no le servía de nada, sino la abnegación. Oswaldo bajó
                      Nos jodimos los que nos quedamos, carajo, hasta que  el libro y miró, desde la ventana de su casa, la vegetación
                      pudimos salir. Me cago en tu madre, maricón.   y declaró que, para él, aquella selvática flora era equiva-
                          Todos los viernes por la tarde, Oswaldo entraba  lente a la aridez desértica. Por esto último, y «para no
                      a su casa, allá por los confines de Hialeah, cargado de  ver el desarrollo del imperialismo yanqui», fue que tapió
                      bolsas con el mejor surtido de productos que atenuaran  sus ventanas con sendas láminas que atornilló al muro
                      su nostalgia: latas de frijoles negros Goya, plátanos  exterior de su vivienda. Así, iluminado día y noche con
                      machos y un paquetico de café Bustelo. El postre lo  electricidad, todo el fin de semana releía, con el mismo
                      compraba en la cafetería Versailles, allá por la calle ocho,  sentimiento de quien escucha las melodías de moda en
                      aunque tuviera que hacer un rodeo desde su trabajo en  su juventud, a anarquistas como Godwin y Bakunin, y
                      el Miami Herald, por el downtown. Valía la pena, qué  veía las transmisiones de Univisión y Telemundo que,
                      relleno el de aquellos éclairs.               para no imbecilizarse, decía, trataba de intelectualizar.
                          Recién llegado a La Florida, durante la crisis de los  De ahí que apreciara los Sábados de Don Francisco
                      balseros, unos amigos lo llevaron al Versailles para conocer  como indicadores de la capacidad de los hispanos para
                      la auténtica mesa isleña, dado que en Cuba, consideraron,  tragarse humillaciones.
                      no se publican libros de cocina porque, primero: no hay   Pero ya era lunes y Oswaldo no quería sufrir,
                      ingredientes con que cocinar, y segundo: si hubiera pu-  rumbo al trabajo, la jodienda del tráfico matutino. Te-
                      blicaciones culinarias, serían catalogadas como literatura   nía que salir temprano, así que enseguida de su última
                      fantástica. Aquella vez, Oswaldo leyó despacio la carta,  imprecación contra los locutores radiales de la cmq,
                      preguntando qué era este platillo y aquel otro; miró con  apagó las luces, cerró la puerta de su casa y, antes de
                      ternura el nombre de algunos guisos y quedó en estado  abordar su Dart 87, se persignó con una cruz bizantina,
                      contemplativo unos instantes hasta que por fin declaró:  a saber: sobre la frente, los labios y el pecho; luego se
                      ñó, caballero, que esta carta es un poema.    frotó las palmas de las manos y exclamó: Ahora sí, chico,
                          Eso, la abundancia de comida e ingredientes, era lo  a ganar dólares, qué coño.
                      único que perdonaba a Miami; también el cielo, porque
                      se movía con la misma placidez que en La Habana, en   Carmen dice de sí misma: mi origen, primero muerta que negar que soy de León; en cuanto
                      donde sí había malecón y el mar sí olía a pescado y sal,   a las chambas, Dios quiera que sean glamorosas; y la divisa que me retrata: no me dejen en
                      y no como ahí, coño, donde todo era tan aséptico que   mis propias manos.

       26                                                                                        PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015
   23   24   25   26   27   28   29   30   31   32   33