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I                        relación, es necesario reconocer, como punto de partida,
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          El consumo de sustancias psicotrópicas en nuestras  que no hay consumo de sustancias psicotrópicas sin
          sociedades no representa en realidad ninguna novedad  una transformación profunda de la experiencia de la
          como fenómeno cultural, aunque eso no es un impedi-  vida civil, porque finalmente toda forma de consumo
          mento para estudiar críticamente las peculiaridades  proviene de dicha experiencia y se forma en ella para
          de su acontecimiento, lo mismo en lo que se refiere a  luego transformarla de un modo o de otro. La relación
          su procedencia que en lo que se refiere a su emergencia.  entre la ciudad y las drogas no es, en este sentido, sino
              Hoy tenemos noticias bastante bien documentadas  un fenómeno cultural cuya génesis y posibles efectos
          sobre el uso de este tipo de sustancias en todo tipo de so-  políticos y sociales deben estudiarse como parte del
          ciedades, no sólo en nuestros días sino desde épocas  proceso de formación cultural de una sociedad en la que
          muy remotas; y sabemos, sobre todo, que su consumo  el consumo de sustancias psicotrópicas ha terminado
          ha tenido fines bastante diversos entre sí, y que por   por manifestarse, simplemente, como el síntoma de
          lo mismo no resulta recomendable ensayar ningún  una específica puesta en crisis de sus potencias civili-
          tipo de generalización. Sabemos, por ejemplo, que se  zatorias. Las necesidades del consumo de sustancias
          han consumido por mera curiosidad, con fines rituales,  psicotrópicas están íntimamente relacionadas con los
          médicos, lúdicos y hasta con fines militares; sabemos   modos específicos con que una civilización procura su
          que algunas de ellas se han consumido de forma bastante  satisfacción. Así que no hay sino usos y abusos civiliza-
          generalizada y que otras, en cambio, han sido de uso  dos de las drogas, porque los suyos no son sino los usos
          restringido o que su consumo ha estado perfectamente  y los abusos específicos de una determinada civilización.
          normalizado cuando no ha estado explícitamente pro-  En este sentido, el análisis del consumo de sus-
          hibido o hasta criminalizado.                tancias psicotrópicas en las sociedades modernas
              No obstante, a pesar de la indiscutible persistencia  debe contemplar, como parte de su especificidad, la
          de su consumo, podemos reconocer las especificidades  lenta generalización de un conjunto de necesidades
          manifiestas en cada uno de los modos de consumo que  del consumo vinculadas con la ausencia de lo humano
          han tenido lugar a lo largo de la historia, gracias a que su  o su lenta disolución, ya que dicha ausencia es uno de
          emergencia histórica ha podido desarrollarse en distintos  los rasgos más característicos de las diversas crisis que
          contextos geopolíticos y económicos, pero, sobre todo,  han tenido lugar en la experiencia civilizatoria de la ciu-
          en distintos contextos culturales, es decir, en el marco de  dad moderna. Sin embargo, nunca se trató en realidad
          específicos tipos de prácticas, creencias, ideas, discursos,  —sino hasta hace muy poco— de la ausencia real de se-
          deseos, esperanzas o expectativas. Todo esto evidencia   res humanos en las ciudades, se ha tratado, en cambio, de
          que la singularidad del uso de sustancias psicotrópicas,  la violenta aparición y reiteración de un conjunto
          en cada caso, siempre se ha presentado bajo la forma   de imágenes planas, superficiales, artificiales, estereoti-
          de un acontecimiento cultural en el marco de algún  padas, demasiado regulares y estáticas, gobernando por
          proceso civilizatorio y que, justo por eso, puede ser  completo el horizonte ontológico en que se desarrolla la
          analizado en toda la especificidad de su acontecer en el  experiencia de lo humano en dichas ciudades, agotán-
          contexto de una específica vida civilizada.  dola, anulándola, haciéndola imposible lentamente. Los
              El consumo de drogas, en este sentido, siempre  ciudadanos modernos fácilmente pudieron convertirse
          ha sido la expresión viva de algún proceso civilizatorio,  en sujetos sin presencia y sin profundidad, y la simple
          sobre todo si consideramos que a menudo se presenta  existencia de estas imágenes hegemónicas, así como su
          como una fuerza maldita que ha podido quebrantar   rápida generalización, ha puesto al descubierto que algo
          o poner en tela de juicio, en cualquier momento, todas  muy grave ha pasado con la experiencia de lo humano
          las representaciones sociales de una «buena vida» en la  en el proceso civilizatorio de las sociedades modernas,
          ciudad, de la siempre anhelada unidad del cuerpo  pues repentinamente dejó de ser posible el despliegue
          político, del recto ejercicio de algún tipo de ciudada-  o propagación de las energías vitales de lo humano, ago-
          nía o del simple cumplimiento cabal de las leyes de  tándose precisamente en la generalización reiterativa
          una ciudad. En este sentido, podríamos afirmar   de las diferentes formas monótonas de la ciudada-
          que la emergencia del consumo de drogas, al proceder de  nía moderna. Esto nos muestra, además, que la presen-
          una determinada vida civilizada, está directamente re-  cia plana de todo lo humano en las ciudades modernas
          lacionada con la capacidad de redefinir o refundar la  no es sino la repetición de un conjunto de imágenes o
          relación de los individuos con un determinado modelo  representaciones sociales carentes de profundidad y
          o proyecto civilizatorio.                    vitalidad, no por su naturaleza imaginaria, sino por

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          PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015
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