Page 39 - P13
P. 39
I relación, es necesario reconocer, como punto de partida,
Ahora bien, para comprender cabalmente esta
El consumo de sustancias psicotrópicas en nuestras que no hay consumo de sustancias psicotrópicas sin
sociedades no representa en realidad ninguna novedad una transformación profunda de la experiencia de la
como fenómeno cultural, aunque eso no es un impedi- vida civil, porque finalmente toda forma de consumo
mento para estudiar críticamente las peculiaridades proviene de dicha experiencia y se forma en ella para
de su acontecimiento, lo mismo en lo que se refiere a luego transformarla de un modo o de otro. La relación
su procedencia que en lo que se refiere a su emergencia. entre la ciudad y las drogas no es, en este sentido, sino
Hoy tenemos noticias bastante bien documentadas un fenómeno cultural cuya génesis y posibles efectos
sobre el uso de este tipo de sustancias en todo tipo de so- políticos y sociales deben estudiarse como parte del
ciedades, no sólo en nuestros días sino desde épocas proceso de formación cultural de una sociedad en la que
muy remotas; y sabemos, sobre todo, que su consumo el consumo de sustancias psicotrópicas ha terminado
ha tenido fines bastante diversos entre sí, y que por por manifestarse, simplemente, como el síntoma de
lo mismo no resulta recomendable ensayar ningún una específica puesta en crisis de sus potencias civili-
tipo de generalización. Sabemos, por ejemplo, que se zatorias. Las necesidades del consumo de sustancias
han consumido por mera curiosidad, con fines rituales, psicotrópicas están íntimamente relacionadas con los
médicos, lúdicos y hasta con fines militares; sabemos modos específicos con que una civilización procura su
que algunas de ellas se han consumido de forma bastante satisfacción. Así que no hay sino usos y abusos civiliza-
generalizada y que otras, en cambio, han sido de uso dos de las drogas, porque los suyos no son sino los usos
restringido o que su consumo ha estado perfectamente y los abusos específicos de una determinada civilización.
normalizado cuando no ha estado explícitamente pro- En este sentido, el análisis del consumo de sus-
hibido o hasta criminalizado. tancias psicotrópicas en las sociedades modernas
No obstante, a pesar de la indiscutible persistencia debe contemplar, como parte de su especificidad, la
de su consumo, podemos reconocer las especificidades lenta generalización de un conjunto de necesidades
manifiestas en cada uno de los modos de consumo que del consumo vinculadas con la ausencia de lo humano
han tenido lugar a lo largo de la historia, gracias a que su o su lenta disolución, ya que dicha ausencia es uno de
emergencia histórica ha podido desarrollarse en distintos los rasgos más característicos de las diversas crisis que
contextos geopolíticos y económicos, pero, sobre todo, han tenido lugar en la experiencia civilizatoria de la ciu-
en distintos contextos culturales, es decir, en el marco de dad moderna. Sin embargo, nunca se trató en realidad
específicos tipos de prácticas, creencias, ideas, discursos, —sino hasta hace muy poco— de la ausencia real de se-
deseos, esperanzas o expectativas. Todo esto evidencia res humanos en las ciudades, se ha tratado, en cambio, de
que la singularidad del uso de sustancias psicotrópicas, la violenta aparición y reiteración de un conjunto
en cada caso, siempre se ha presentado bajo la forma de imágenes planas, superficiales, artificiales, estereoti-
de un acontecimiento cultural en el marco de algún padas, demasiado regulares y estáticas, gobernando por
proceso civilizatorio y que, justo por eso, puede ser completo el horizonte ontológico en que se desarrolla la
analizado en toda la especificidad de su acontecer en el experiencia de lo humano en dichas ciudades, agotán-
contexto de una específica vida civilizada. dola, anulándola, haciéndola imposible lentamente. Los
El consumo de drogas, en este sentido, siempre ciudadanos modernos fácilmente pudieron convertirse
ha sido la expresión viva de algún proceso civilizatorio, en sujetos sin presencia y sin profundidad, y la simple
sobre todo si consideramos que a menudo se presenta existencia de estas imágenes hegemónicas, así como su
como una fuerza maldita que ha podido quebrantar rápida generalización, ha puesto al descubierto que algo
o poner en tela de juicio, en cualquier momento, todas muy grave ha pasado con la experiencia de lo humano
las representaciones sociales de una «buena vida» en la en el proceso civilizatorio de las sociedades modernas,
ciudad, de la siempre anhelada unidad del cuerpo pues repentinamente dejó de ser posible el despliegue
político, del recto ejercicio de algún tipo de ciudada- o propagación de las energías vitales de lo humano, ago-
nía o del simple cumplimiento cabal de las leyes de tándose precisamente en la generalización reiterativa
una ciudad. En este sentido, podríamos afirmar de las diferentes formas monótonas de la ciudada-
que la emergencia del consumo de drogas, al proceder de nía moderna. Esto nos muestra, además, que la presen-
una determinada vida civilizada, está directamente re- cia plana de todo lo humano en las ciudades modernas
lacionada con la capacidad de redefinir o refundar la no es sino la repetición de un conjunto de imágenes o
relación de los individuos con un determinado modelo representaciones sociales carentes de profundidad y
o proyecto civilizatorio. vitalidad, no por su naturaleza imaginaria, sino por
37
PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015

