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una ampliación e intensificación de la experiencia del son el camino hacia una experiencia embriagadora del
espacio y de las cosas porque ésta ya no está gobernada mundo y del alma, pues es justo a través del éxtasis de la
por la voraz materialidad ni los ritmos de la urbani- ensoñación como el «paseante solitario» redescubre las
zación o modernización de la vida civil. La narración potencias activas y vivificadoras del mundo olvidadas o
de la experiencia del espacio y de las cosas como parte de malinterpretadas por la civilización moderna.
un paisaje natural constituye una apertura en el relato
del «paseante solitario» hacia la narración de una ex-
periencia íntima de la Naturaleza construida desde la III
experiencia de los movimientos de su alma, es decir, a
través de una experiencia psicoactiva. Walter Benjamin, a principios del siglo xx, y allende,
El promeneur solitaire no sólo es un caminante que pero no tanto, de sus experimentos con el hachís, llegó
recorre los senderos desconocidos del campo o la mon- a hablar de un modo semejante de la embriaguez de ese
taña para olvidarse de la Ciudad y reencontrarse con la otro tipo de «paseante solitario» de la ciudad moderna
Naturaleza, recorre los caminos olvidados por la Ciudad que es el flâneur («paseante callejero» o «vagabundo»).
para reconocer y disfrutar los senderos ignotos de su Sólo que esta embriaguez fue caracterizada por el filó-
propia conciencia. Su soledad deja así de ser una simple sofo alemán como una embriaguez de anamnesis, pues
noticia de su malestar en la cultura, para convertir- el flâneur es un paseante que se mueve en la ciudad a
se en la condición de posibilidad de una experiencia gozo- través de la memoria, alimentando sus ensoñaciones
sa del mundo y de sí mismo, una experiencia construida no sólo con aquello que aparece físicamente ante sus
sin reparos a partir de la embriaguez de sus propias ojos, sino adueñándose a menudo del paisaje urbano
ensoñaciones, de su propia capacidad para entretener mediante esa conciencia o experiencia desnuda de
y recrear su pensamiento de las cosas, de los espacios, las ruinas o ruindades de lo humano, de los vestigios
de su temporalidad, mediante los recorridos imagina- muertos de viejos entusiasmos civilizatorios, de las
rios de todo tipo de profundidades, superficialidades, diversas presencias fantasmales que habitan y le dan
relaciones y perspectivas inéditas para la conciencia del contenidos significativos a las calles de la ciudad, las
ciudadano moderno común. Por eso la ensoñación cuales, gracias a la memoria, se nos presentan como si
del «paseante solitario» consiste, sobre todo, en la se tratara de algo nuevamente experimentado o vivido,
activación de una relación de embriaguez con el espacio de presencias extraordinariamente vivas con las cuales
natural y con las cosas del campo, así como con sus se puede interactuar libremente gracias a los usos em-
múltiples relaciones, pues se trata en todo caso de una briagadores de la memoria.
embriagadora experiencia de las intensidades, profun- Benjamin ensayó de un modo muy semejante a
didades y superficialidades del paisaje natural. Rousseau la descripción del estado de éxtasis que el
De este modo, cuando Rousseau abre el espacio flâneur busca en sus paseos callejeros, pero enfatizando
para hablar de las ensoñaciones del «paseante solitario», de un modo bastante notable el carácter fuertemente
empieza a construir poco a poco un marco conceptual urbano de los paisajes que éste recorre, y subrayando,
para revalorar la función de los extravíos de la imagi- por lo mismo, las distintas formas que pueden cobrar
nación de este «paseante solitario» y así poder hablar en medio de la experiencia de sometimiento o enfrenta-
de dichos extravíos como caminos abiertos hacia la miento a la ciudad y sus discursos, a sus promesas rotas,
experiencia de una conciencia extraordinaria y de un a sus falsas esperanzas, a su desencantadora realidad,
goce supremo. Esta embriaguez no es muy diferente de es decir, a las distintas formas como la ciudad moderna
la producida por las formas modernas del consumo se apodera de nosotros, hasta asfixiarnos, mediante
de sustancias psicotrópicas, su génesis y su efecto es el poder avasallante de las imágenes de una memoria
común; no obstante, toda diferencia entre estos distintos que reconoce todos los fantasmas de una experiencia
modos de experiencia psicoactiva radicará en los mo- dañada, de los recuerdos dolientes de la experiencia
dos de producción de la embriaguez y de su éxtasis. Por de una ciudad en duelo, así como el cobijo que pueden
eso conviene tener presente que el gozo revitalizador del ofrecernos las ensoñaciones para calmar o exacerbar
promeneur solitaire es creado mediante el sutil encanta- las memorias de una conciencia en duelo.
miento que le producen sus propios arrebatos imagina- Los senderos del promeneur solitaire son paisajes
rios (ensoñaciones) y el éxtasis experimentado durante naturales que logran diluir en la memoria —gracias al
esos momentos de extravío (embriaguez), que bien po- gozo que producen las ensoñaciones del alma en torno
demos asumir, incluso, como perfectos movimientos errá- o con ayuda del paisaje natural— toda posible persis-
ticos del alma. Las ensoñaciones del «paseante solitario» tencia de las imágenes dolientes de la ciudad moderna:
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PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015

