Page 42 - P13
P. 42

sus tribulaciones; los caminos que recorre el flâneur,  pues lo que impera, en todo caso, es la fuerza poética
                      en cambio, son precisamente los paisajes urbanos de la  de la intimidad de sus ensoñaciones: la experiencia de
                      ciudad moderna y sus ensoñaciones, aunque no pueden  éxtasis basada en la embriaguez que produce su propio
                      ni intentan diluir la poderosa materialidad de las calles  gozo. Tanto el promeneur solitaire como el flâneur logran
                      y su materialidad doliente, pues éstas con frecuencia  romper así con el esquematismo político de lo público
                      logran constituirse, por lo menos efímeramente, en un  y lo privado, que predomina de un modo apabullante
                      poderoso cobijo en medio de los diversos duelos que   en la organización de la vida civil en las sociedades
                      tiene que sobrevivir el ciudadano moderno, especial-  modernas, y lo logran gracias al gozo profundo de sus
                      mente cuando ha elegido padecer y superar la vida civil  ensoñaciones, las cuales tienen el poder de producir
                      como un «vagabundo».                          una experiencia íntima en franca rebeldía o en franca
                           El flâneur, al igual que el promeneur solitaire,  resistencia a los absurdos de la vida civil. Se trata,
                      siempre transita entre las ruinas de una ciudad y los  además, de una intimidad que cambia por completo
                      cimientos de otra que está por venir; ambos separan  la relación con el espacio, con las cosas, con toda forma
                      la Naturaleza de la Civilización para incorporar sus   de su temporalidad. Este cambio en la relación sucede,
                      ensoñaciones en la experiencia integral que el ciudadano  además, desde la misma embriaguez que producen las
                      tiene del mundo, posibilitando nuevamente el asom-  ensoñaciones del espacio, del tiempo y de las cosas, así
                      bro frente a la Naturaleza, pero también frente a la mis-  como de sus complejas relaciones. Lo cual deja en claro
                      ma Civilización, modificando así, irremediablemente,  que una droga no sólo son las sustancias que circulan
                      su conciencia del mundo y de sí mismos, y produciendo  abierta o ilegalmente en el mercado, sino que las enso-
                      incluso un cierto estado de éxtasis. En ambos casos,  ñaciones psicotrópicas también lo son.
                      además, resulta claro que la Ciudad no es un paisaje del
                      alma, la Ciudad es mucho más que una imagen, pero                IV
                      todas las imágenes producidas en la embriaguez de la
                      ensoñación sí lo son; lo cual es una noticia interesante,  No hay estimulante más potente que la propia imagina-
                      ya que en estas imágenes es irrelevante la vida pública o  ción ensoñadora. Por eso la embriaguez es, en principio,
                      privada del sujeto moderno que recorre las calles de la  un simple cambio de registro en la experiencia de la
                      Ciudad o los senderos más recónditos de la Naturaleza,  propia ciudadanía y, paradigmáticamente, socava por

       40                                                                                        PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015
   37   38   39   40   41   42   43   44   45   46   47