Page 47 - P13
P. 47
donde una tarde de 1997 vi por última vez a mi amigo y prostitutas de rasgos indígenas. Un lugar donde uno
Guillermo H. Vera, que iba con un amigo suyo llama- podía pasar los días de noche; agradable excepto por
do también Guillermo, tres días después ambos fueron los meseros, que parecían haber sido entrenados
alcanzados por un rayo en las arboledas de la Ciudad por un perro policía.
Universitaria; allí también, la noche del 2 de marzo de Mi amigo Antonio era un bebedor olímpico, a
2005 empezó la breve agonía de mi amigo Nahuatzen, nadie he visto beber tanto y mantener las maneras
provocada por un aneurisma. Desde entonces no he civilizadas. En nuestra ebriedad nómada, una vez
querido visitar esa cantina que, por lo demás, se ha descubrimos las cantinas sin nombre de El Molinito,
vuelto demasiado turística. en el poniente de la ciudad, una suerte de morideros
No puedo omitir el Bar Orizaba, en el barrio clandestinos donde uno podía conseguir un aguar-
chino. Ignoro si aún sigue en pie, en todo caso sería un diente sin alma, una mujer de tres modos, una pistola
milagro porque parecía que estaba a punto de caerse o un matón dispuesto a todo con tal de ganar unos
de tan viejo y mugroso. «La apestosa» —éste era su pesos. Esas cantinas sin nombre eran lugares tan
nombre secreto— era una parada obligatoria para los inhóspitos como hospitalarios, a veces instalados en
borrachos que gustaban de tomar el pulso del México talleres mecánicos, a veces en galerones de triques, a
profundo; su aspecto miserable, su aura de perdición, veces en casas rebosantes de mugre y pobreza. No nos
sus parroquianos salidos como de un derrumbadero importaba sentarnos en una llanta o en un tabique si
de la historia, nos daban una lección de humildad teníamos en la mano una cerveza o un vaso de caña.
que nunca hubiera logrado darnos un santo. Una noche Atravesábamos esos días como por las ruinas de un
intercambié allí el Breviario de podredumbre de Cioran desastre cósmico, nos sentíamos sobrevivientes; todo
por un par de caguamas. era desastre y errancia entre las ruinas.
Una tarde incandescente de agosto, ahogados de
sol, mi amigo Antonio y yo entramos a La Corneta —en
Fray Servando Teresa de Mier, cerca de La Merced—, Felipe estudió hasta cuarto año de primaria y fue maestro en albañilería, oficio que heredó
una cantina donde era siempre medianoche, pues estaba de su padre y éste del suyo hasta remontarse a los hacedores de la Pirámide del Sol en
pintada de negro, a media luz, sin ventanas, con tele- Teotihuacan, ciudad que lo vio nacer una madrugada de 1966. Llegó a la Ciudad de México
visores en los muros donde sólo transmitían películas muy joven y descubrió muy pronto que lo único útil en la vida era hacer nada. Desde entonces
porno, y atestada de soldados rasos, diableros, albañiles trata de ser maestro en esas artes.
45
PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015

