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Llego borracho





                                            el borracho





                                    (Siete tesis josealfredojimenezianas

                                       frente al sinsentido de la vida)




                                                            Zoé Joyeux



                             El canto, el tequila y el mariachi devienen axiomas vitales en este texto
                                      que circunda la embriaguez, el amor y el dolor: la vida.




                      Un mundo raro                                 despreciarla, da igual. El alcohol no es una substancia,
                      José Alfredo Jiménez le llama raro a un mundo en el  es una potencia, es una horda de espíritus que corren por
                      que no se sufre, no se llora, y se triunfa en el amor:  las venas y desatan el poder de eso que llamamos vida. «Si
                      preclara conciencia de un borracho mexicano cuyo  ando en mi juicio no estoy contento, si ando borracho, pa’
                      lugar de nacimiento dirigió con secreta vehemencia su  qué te cuento». Cuando la vida es una taberna, a la que
                      destino. Preludiando su irremediable afición al prístino  una llega bien dispuesta a lo que sea, «¿Quién no llega a
                      sufrimiento que conlleva la existencia, su nacimien-  la cantina exigiendo su tequila y exigiendo su canción?»
                      to fue en Dolores y, por si fuera poco, de Hidalgo. De hi-
                      dalgo en hidalgo cantando al dolor. Y es que, bueno, qué   Anduve borracho, borracho perdido,
                      se le puede pedir a un prócer que muere a los 47 años  de tanto quererte
                      de cirrosis hepática sino la ilustre conciencia y claridad  El amor, pese a lo que muchos creen, no es inefable. El
                      que el alcohol puede proveer.                 amor se dice de muchas maneras y se inventa cada vez
                                                                    que se dice, y en cada re-invención, y en cada canción,
                      Estoy en el rincón de una cantina             vuelven testarudos el dolor y el delirio, la euforia y
                      La vida es la taberna que aloja la existencia, es un límite,  la aflicción, la afección, la felicidad incontrolable y la
                      un territorio, contornos y planos poblados de distintos  vulnerabilidad que le es propia. El amor embriaga, y
                      flujos de embriaguez. Quizá los flujos más intensos de  cuando se acompaña de alcohol los goznes del mundo
                      ebriedad que podemos encontrar en José Alfredo sean el  se dislocan y dispersan, el logos del kosmos se vuelca
                      vino y la poesía que, juntos, hacen delirar a un potente  en entousiasmos maniatikós, en esa posesión que pone
                      orgullo que se quiebra y se levanta cada vez que la vi-  a todo fuera de sí mismo al arraigarlo a sí. Bromio, el
                      da lo embiste. Más allá de la melancolía y la nostalgia  que retumba, es el primero de los felices en las fiestas,
                      llanas —pero sin abandonarlas— José Alfredo parece  ¿y cómo no ser feliz cuando se rebosa de embriaguez
                      convencido de que el alcohol no es tan sólo un paliativo  amorosa?, ¿cómo no ser feliz cuando a ello se le su-
                      para soportar la miseria, sino un agente que la potencia  man los espíritus del vino, cuando la humedad de la
                      y actualiza, la hace más vívida y poderosa; y no sólo   entrepierna huele a vid? «Canta, canta, canta, que tu
                      a la miseria, sino también a la algarabía, a la rabia e  dicha es tanta que hasta Dios te adora». Porque en au-
                      incluso a la indiferencia; el alcohol y su embriaguez   sencia del vino —dice Eurípides— no queda ni amor
                      vuelven la vida más nítida, más prístina, más vida: la  ni ningún otro goce para los humanos.
                      embriaguez nos funde con ella, nos permite experi-  Sin embargo, no sólo de felicidad amorosa beben
                      mentarla en toda su grandeza y dolor, para afirmarla o  las personas, sino también, y sobre todo, de dolor de

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