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El rey, José Alfredo Jiménez




                      alguien, es baladí, carece de todo cuidado, de todo sen-  una meta, adquirimos importancia, nuestros actos se
                      tido que no obedezca a su propia inmanencia. «Bonito  preñan de sentido y se alejan de la caótica inmediatez;
                      León, Guanajuato, su feria con su jugada / allí se apuesta  nos volvemos superiores, pues tenemos un destino, un
                      la vida y se respeta al que gana». Esta es la sabiduría  designio que cumplir; la voluntad debe fortalecerse, e
                      que induce el alcohol al borracho mexicano que ama a  incluso debemos inventarnos una voluntad para no
                      sus mujeres, a las que llora, olvida, y vuelve a llorar y  apartarnos del camino, una voluntad que en general
                      vuelve a olvidar. «Te adoré, te perdí, ya ni modo». Esa es  se ha ido contraponiendo cada vez más y más al lúcido
                      la sabiduría que el alcohol induce al borracho mexicano  deseo que en la experiencia nace. Así, lenta, conspicua
                      que se agarra a golpes o a balazos con sus amigos, con  y pausadamente, nos hemos hecho una interpretación
                      sus hermanos, por el más mínimo motivo y sin que esto  de nosotros mismos en donde la meta en la vida parece
                      ponga en entredicho su amistad y más bien la afirme.  alejarse cada vez más del sano juicio de los sentidos, y
                      «Si vienes echando habladas, yo te contesto con balas».   por ello nuestra vida está llena de errores, pues parece
                      El amor de pareja o la amistad fraternal nacen y se afir-  que al escuchar al deseo no se aprende.
                      man en la embriaguez. «Tómate esta botella conmigo,   Sin embargo, en la preclara experiencia que la
                      y en el último trago nos vamos», le dice José Alfredo a  embriaguez induce, la vida carece de todo destino o
                      una mujer –y cuando me lo dijeron yo me la tomé y nos  finalidad, la vida no importa, no vale nada. Matar
                      fuimos (y nos venimos). «Ya tomé mil botellas contigo,  o morir da igual, y si se vive es mejor hacerlo embriagado.
                      no me digas que no soy tu amigo», le dice José Alfredo  Por eso los errores tampoco importan y se brinda por
                      a un camarada.                                ellos, ya sea porque duelen o porque se gozan, o quizá
                          La vida no se gana, se pierde, se está yendo siempre  por ambas cosas a la vez. La vida no enseña nada, no
                      a la chingada sin que podamos hacer algo al respecto.  da lecciones, es un puro acontecer de singularidades
                      «Comienza siempre llorando, y así llorando se acaba».  delirantes. La vida se vive, no se aprende. La vida se
                      José Alfredo posee la sabiduría dionisíaca que sa-  sufre y se goza, y si se repite es su problema. El error
                      be que la vida no tiene sentido, pero que aún así se mere-  fundamental en la vida es creer que podemos aprender
                      ce una canción.  Sileno ranchero. «No vale nada la vida».  algo de ella. En la vida, la felicidad y el dolor no impor-
                                                                    tan nada, mucho menos el saber, lo que importa es
                      Nada me han enseñado los años, siempre caigo    quién es capaz de soportarla mejor, y de pie.
                      en los mismos errores, otra vez a brindar con extraños
                      y a llorar por los mismos dolores                 Se fue borracho el borracho
                      La estupidez humana comienza cuando la imaginación   del brazo del cantinero.
                      nos hace creer que tenemos una finalidad, una meta,   Y le dijo, qué te tomas,
                      un progreso. Cuando así ocurre, comprendemos la vida   a ver quién se cai primero.
                      como saber que se dirige hacia un fin, cada paso que en   Aquel que doble las corvas,
                      nuestra opinión nos acerca a la meta lo consideramos   le va a costar su dinero.
                      como algo aprendido; por el contrario, cuando en la
                      experiencia gobierna la opinión de que lo hecho nos   Zoé, fanática enloquecida de José Alfredo, deambula por las cantinas del Centro Histérico
                      aleja de nuestra finalidad en este mundo, lo interpre-  brindando por el sinsentido de la vida. En sus ratos libres lee filosofía, y se entretiene pensando
                      tamos como falta, como miseria, como error. Al tener   a los autores como notas al pie de página de la poesía del guanajuatense.

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