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Una ruta



                    escondida












                                         Ulises Luján Rodríguez



            ¿Cómo narrar lo extraño con familiaridad, lo cotidiano desde el extrañamiento?
                  Esta crónica ofrece una respuesta al difícil dilema de cómo acercarnos
                              a experiencias ajenas y espacios desconocidos.






          i. La Gata                                        Es muy raro encontrar la pulquería vacía, si se
          Al dejar atrás el manicomio, cuyas paredes bordean los   llega al mediodía, uno correrá con más suerte.
          lindes del canal, entre avenida Capulín y la autopista   Mis compas aguardan afuera. Entro por el manda-
          Libre México-Puebla, nos internamos a un poblado  do, asomándome en el borde de la barra donde se des-
          conformado en su mayoría por hogares de tabique co-  pacha. La Gata aparece después de un llamado al son de
          lorado. La elaboración de estos ladrillos representaba,  buenas tardes y camina lentamente. Es una viejita que
          hasta hace apenas algunos años, la primordial fuente  emerge de las penumbras, tropezando con todo tipo
          de ingreso para los habitantes de la colonia Jiménez  de artículos de primera necesidad. Cabe señalar que el
          Cantú, situada en el municipio de Ixtapaluca.  establecimiento de La Gata es en realidad una pequeña
              Nubes borrascosas se agitan sobre nosotros, como  miscelánea rural, sin embargo, la venta de pulque es su
          presagiando un diluvio. Seguimos el camino, cruzan-  mayor atracción.
          do los tubos del desagüe que conectan al canal, dejando   Afuera comienza a llover. Las gotas estampándose
          atrás el pavimento y los ladridos de los perros. No hay  sobre las láminas, como miles de picoteos acompasados,
          gente en las calles. Dudamos de seguir la ruta, pues  provocan un trance en mí.
          el camino parece desaparecer entre terracería y lo-   —¿Qué va a llevar, joven? —inquiere ella en tono
          tes baldíos. A lo lejos, el rebuzno de un asno corrom-  cordial.
          pe la serenidad del ambiente; el olor a humedad nos    —Dos litros de pulque, seño —le respondo y su
          viene embriagando conforme avanzamos. Más adelante,   ojos se iluminan.
          un trío de burros pace en calma, frente a una casa de   —¿Es para beber aquí o para llevar?
          enrejado, cuya fachada yace tapizada por flores morning   Esta es la pregunta de fuego. La Gata atiende
          glory color azul. Luego aparece la choza. Una bandera  con dulzura sólo a aquellos que piden para llevar, de lo
          de México ondea sobre el tejado de lámina de cartón,  contrario, estarás a expensas de que su actitud cambie.
          señalando el sitio exacto.                        —Para llevar, por favor...
              En la entrada, un altar dedicado a la Virgen    —Sí, joven... ¿Trae envase?
          de Guadalupe recibe a todo visitante. Adentro uno puede   —No, lo siento...
          apreciar lo modesto del cuarto: piso de tierra, pare-   La Gata sale al patio de su casa, va en busca de al-
          des de tabique rojo con cuadros de querubines caricatu-  gún recipiente para que pueda transportar el pedido. Las
          rescos, y el volcán Popocatépetl nevado; en el centro, una  carcajadas de los jugadores de futbol, el efecto hipnótico
          mesa erigida con polines, a su alrededor varios troncos que  de la lluvia cayendo sobre las láminas, mis nervios de
          sirven de asiento para unos jugadores de fútbol, quienes  punta, han hecho que mis sentidos permanezcan alerta.
          tienen la apariencia de haber perdido el partido.  Echo un vistazo afuera y mis amigos cruzan palabras

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          PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015
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