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Jugando con


                                     ninfas















                                                       Jacqueline Espíndola



                             Las psicolúbricas sensaciones del erotismo se manifiestan en este relato
                                    bajo formas y colores embriagantes que invitan al delirio.




                           or fin le entregaron a Romina, alias la Peggy, el  de las calles lastimaron mis sentidos, sentí miedo de
                           permiso para abrir la sex shop. Sólo a ella se le  enfrentarme al monstruo de asfalto, razón por la cual
                     Pocurre invitar a la inauguración de dicha tienda  me tuve que quedar en la sex shop.
                      a todas sus amigas, según ella, para probar la calidad   Pasado el tiempo, después de unos tragos de whis-
                      de los «juguetitos». Lucía, su novia, se ha mochado con  ky, y del explotón total del ácido, mi cuerpo comenzó
                      los ajos, me tocó uno llamado «Tercer Ojo», maravilloso,  a fusionarme con la barra del demostrador y con los
                      totalmente visual, y placentero. Mis ojos se llenaron  objetos que en él se exhibían. Me sentí inquieta, con
                      de fractales luminosos, pude percibir el microcosmos  ganas de salir volando del lugar (era la única forma
                      que vive en mi interior, cada átomo que me conforma,  de poder salir de la sex shop), pero me dejé llevar por
                      el perfume de las cosas que nunca percibo. Sentí con  los caminos eróticos trazados perversamente por las
                      exactitud la velocidad con que nacen y mueren las cosas,  ninfas lesbianas.
                      las ideas, los sueños, los recuerdos... Mis sentidos esta-  Todo comenzó cuando Lucía se acercó hasta mí y
                      llaron en misterios multicolor, que se resquebrajaron  comenzó a decir cosas libidinosas a mi oído, mientras
                      en acertijos que se resuelven con la novedad de percibir  su lengua chupaba mis lóbulos. Yo permanecía tiesa,
                      el mundo y vivir en él sorprendida por cada momen-  inmóvil, sintiendo la efervescencia que la humedad
                      to de vida.  Aprendí a no pensar igual que el momento  de sus labios provocaba en mi sangre, observando las
                      anterior… Mis sentidos explotaron como burbujas de  mandalas coloridas que nacían de la punta de su lengua,
                      renovada conciencia, de renovado razonamiento. Mis  que se convertía en ojos, en relámpagos que estalla-
                      sentidos siguen encendidos.                   ban en mi ser. De pronto de su cuerpo comenzaron a
                          Al principio me pareció grotesco eso de probar  nacer múltiples manos y pensé que tal vez era Shiva,
                      los «juguetitos», por lo que permanecí un poco alejada  reencarnada en Lucía, que se deleitaba con tocarme.
                      de las demás. Me convertí en una especie de voyeur,  Sus extremidades divinas se aventuraron a explorar
                      morboseando las acciones apasionadas de las amigas  por debajo de mi falda, buscando mi sexo, el cual yo
                      de la Peggy, que de repente comenzaron a brillar en  trataba de proteger apretando las piernas, pero Shiva
                      tonos fluorescentes mientras de su piel nacían millo-  oprimía placenteramente mis muslos con sus fuertes
                      nes de grecas danzantes, similares a las que decoran la  tentáculos, hasta que logró llegar hasta mi clítoris, que
                      pirámide de Mitla.                            se excitó inmediatamente con sus suaves movimientos
                          No lo podía resistir, mi corazón y mis sentidos  circulares, provocando su lubricidad. Yo me sentía bende-
                      se aceleraban con cada gesto, me faltaba el aire y de  cida por la diosa del erotismo. Al mismo tiempo a Shiva
                      mis manos goteaban chaquiras de colores. Quise salir  le nacía otra cabeza, era Romina, que introducía en mi
                      inmediatamente del lugar y regresar a la comodidad  boca su larga lengua de serpiente, me apresaba por la
                      de mi casa, de mi cama, pero la luz, la gente, y el ruido  cintura con una mano, y con otra mano me apretaba los

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