Page 69 - P13
P. 69
Una hebra
Karla Montalvo
A través de este texto, lánzate a la vastedad que se superpone al hastío,
desde la fragilidad de la vida sostenida por un delgadísimo cordel.
Para Carmen Ros
l ritmo de sus pasos se estabiliza y su mente se puede evitarlo, necesita ir al filo, asomarse; mirar el pre-
desprende de la tierra, del sonido del cascabel cipicio. El aire se concentra alrededor de ella en una
Eque busca prevenir a los animales de su presencia leve capa, casi líquida, y hace al suelo parecer endeble.
y del olor a árbol. «Lejos» no es pensar en la ciudad ni En el borde, recorre con la mirada el horizonte.
en el regreso al trabajo; es, más bien, una rendija en El frío entra por el contorno de los párpados. El glaciar
el tiempo donde sus músculos se mueven y su sangre y las otras montañas se deforman; parecen retorcerse.
circula y ella da sin dar la orden de seguir sobre la Baja la vista. Aquello es tan hondo, cabe el océano, una
montaña; es ese sentirse en movimiento, experimen- ciudad sobre otra.
tar el avance, la subida, hasta no tener pensamiento Y ella ahí, sobre el vacío, apenas sostenida por
alguno. Su concentración está colmada de camino, una hebra.
ése que, desde dentro, vive el esfuerzo de un muslo y Sí, puede regresar al encierro del auto y los camio-
del otro, el corazón respondiendo a una nueva y más nes enfrente y a los lados, puede volver a esconderse
pronunciada pendiente, las rocas y su fuerza para, a en ella misma. O puede abrirse, entregarse a algo más
través de las suelas y los calcetines, hacerse presentes en grande, ofrecerse a la vastedad.
las plantas de los pies. Desprenderse.
Recibe la cima de a poco, el cielo, las montañas Aérea, extensa.
de enfrente. Del lado derecho, a un valle enorme de El alarido; la cara y el tronco rasgando la atmós-
distancia, el glaciar, una mancha de hielo que baja an- fera a gran velocidad; los brazos dilatándose; la adre-
cha y brillante para luego dividirse en finísimos hilos nalina anegando el torrente sanguíneo.
que atraviesan la planicie y siguen durante kilóme- El choque es inimaginable. Es una idea —sólo
tros hasta perderse en el otro extremo de la cordillera. una idea—, ella ni siquiera estará para entonces. No. El
Ella no puede creer todo ese espacio; se abre por los horror no proviene de ahí. Viene de la amplitud, de la
hombros y el pecho. Las ondas que emanan de sí y se apertura, de preverse disuelta en lo que no tiene límite.
expanden a través de la inmensidad duelen, apenas Da un paso atrás.
un poco, pero duelen, y ella no sabe qué hacer consigo Luego otro.
misma y con ese grito táctil que sale de su piel, de toda Y otro.
ella, sin generar eco alguno porque no encuentra con- Tropieza y, hecha temblor, cae sobre la piedra.
tra qué topar. Es capaz de rozar el infinito, saberlo, pero no de
Descubre que la cima es más ancha cuando unos entregarse a él.
muchachos cruzan. Camina en dirección contraria a
ellos y encuentra una saliente que asoma al vacío. No
Karla es profesora en la uacm. Hace poco descubrió que su vesícula no está a la derecha.
Disfruta escribir, leer y caminar.
67
PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015

