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en los que se cree son la verdad, la historia, el progreso, a inventarse de las formas que sean necesarias. Hay
el yo, la ciencia, el capital o cualquier cosa que funda- muchas maneras de hacerlo. Un posible renacimiento
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mente, tal y como ha funcionado en Occidente el dios se encuentra en el mythos, en la palabra significante,
judeocristiano, garante del orden y el sentido. Sin em- poética, alumbradora de mundos, creadora de realidades.
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bargo, al haberlo hecho así la experiencia se ha reducido Cuando los griegos sintieron la zoé experimentaron
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al cálculo, a la medida, a la precisión y a la mesura. La a Dioniso y crearon sus respectivos relatos (mythoi):
realidad es sólo utilizable, aprovechable, predecible, la vida como totalidad, carente de finalidad, inocente,
tecnificable. La vida gira en torno a los seres humanos, absurda, inmensamente potente, placentera y terrible
trátese de la humanidad o la individualidad. Se ha can- simultáneamente. En la Grecia antigua, el ser humano
celado el mundo, se ha vuelto cosa, utensilio, producto. no era el centro de la creación, pues se experimentaba a
El yo, el ego, el sujeto, el alma, o como se le quiera decir, lo otro en toda su potencia, en su fuerza, en su vida. El
se ha erigido como el supremo gobernante entre lo ente vino era el agente predilecto para lograr esta comunión
por la simple y sencilla razón de que ha creído que su con el todo. Ahí persisto. Ahí resisto. Desde ahí rezo
logos, su razón, puede gobernar el mundo e imponerse e invoco y me sustraigo del tiempo, hundiéndome en
sobre todo lo demás. La pobreza de la experiencia ha él, entregado a la vida dionisiaca, en «lo más íntimo de
cercenado la existencia. La vida se ha quebrado. Ya su potencia, la que hace saltar, la que hace brotar. […]
no hay dioses, ni delirios, ni experiencias extáticas, la “potencia” de un humor vital que saca de sí mismo
ya no hay ninfas en el bosque ni nereidas en los mares. y sólo de sí mismo su capacidad para liberar su ener-
Las miserables pretensiones de control de la existencia gía, de golpe, con una violencia volcánica. […] corazón
han construido la civilización agonizante que persiste embriagado de sangre: un mismo modo de acción». 24
en su miseria. Sobra decir que se vive en la ignominia. Mientras el mundo se destruye a sí mismo, mien-
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«¡Dios ha muerto! […] ¡Y nosotros lo hemos matado!» tras la gente cree que es libre, racional y autónoma,
Y justo por ello, justo porque Dios ha muerto —y y mientras destruye a sus prójimos y a su mundo por-
el ser humano con él— es preciso volver a nacer, volver que en realidad los experimenta como ajenos, como
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PALABRIJES 13 • ENERO-JUNIO 2015

