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El acoso de autobuses, tomé el camión y me senté lejos de las
Noche: ventanillas, estaba cansado y sudando, sentía estar en
…me dieron un papelito escrito, chiquito-chiquito… un cuento de espías, como el de Emilio y sus detectives,
escóndelo, si te esculcan y te lo encuentran di que no pero este cuento de hoy sí hacía que me dieran ganas
sabes… no vayas a leerlo, mejor sí, pero entonces me- de vomitar, sudar y tener miedo; respirar agitadamente
morízalo y no se lo digas a nadie… llévaselo entonces y tener dolor de cabeza no era por mera aventura; por
y ten cuidado… fin leí el papel, decía: «Esconde a Mario en otra parte,
quema los libros rojos…» y lo memoricé todo tal que
La memoria hasta la fecha recuerdo el papel de cuaderno donde
Las lecturas de la escuela eran unas divertidas y otras estaba escrito…
aburridas, Los tres mosqueteros nos gustó a mis amigos
y a mí, lo chistoso es que éramos cuatro, y poniendo las La memoria
manos juntas, siempre a la hora del recreo decíamos: La revista ¿Por qué? nos empezó a gustar a los mos-
«Uno para todos y todos para uno»; nos la creíamos, así queteros, aunque no entendíamos bien a bien de qué
que tortas, refrescos, enchiladas, donas y dulces que hablaba, ciertamente. De ahí copiamos nuestro primer
comprábamos en la cooperativa lo dividíamos en cuatro, modelo del Che Guevara y frases que poco a poco pa-
hasta las travesuras las compartíamos, «¿quién fue?», saron a ser de nuestro lenguaje común. Empezamos
preguntaban los maestros y respondíamos: «fuimos a oír nombres prohibidos de aquel entonces y con el
todos», a pesar de que la maestra Guillermina, la más tiempo se hicieron de todos los días, cosas que ocurrían
viejita, y el maestro J. Concepción, el más cruel, nos y eran muy usadas pero prohibidas: Revolución, Fidel
golpeaban con el borrador en la palma de la mano o Castro, los Tupamaros, Carmelo (que ya era parte de
el metro en medio de las nalgas, o bien nos daban el mi familia) y uno que hasta ese entonces lo conocíamos
jalón quita pelos de la sienes. en casa solo como «El maestro», así se dirigían hacia él
Uno de los otros mosqueteros trajo un día a la con mucho respeto, era uno de los del grupo de Toñito;
escuela una revista llamada ¿Por qué?, preguntaron aunque seguía ocultándoles a los mosqueteros que
algunos sin decir agua va: «¿Es cabrón el de la foto, varios de ellos estuvieron o estaban en mi casa, para
verdad?», yo dije que no, que eran pendejadas, no me mí estas lecturas no eran como aventuras, para mí era
creyeron pero se hicieron más pendejos que el tío Lolo. más que eso, significaban miedo e inseguridad que
La revista nos la quitaron los maestros, después fuimos duraron mucho tiempo.
al salón, pero notaron que guardaba preocupación; Se fueron después todos los amigos, nunca más
«¿qué te pasa?», preguntaron, «nada»… no podía decirles los vimos, sólo nos acordábamos y platicábamos de vez
que ese preso en la foto de la revista, el que se había en cuando mis hermanos y yo. El gallinero no era más
escapado y buscaban por todo el país, según decía el un cuarto para dormir de los amigos o bodega llenas
reportaje, era uno de los «amigos» que estaba en mi de cajas que traían llenas de cosas pesadas, después de
casa y se llamaba Carmelo o Cuauhtémoc. eso, en la calle empezaron a ser frecuentes los trajea-
dos de negro, los coches con antenitas, los chismes de
El acoso los vecinos y los nervios en la casa de los maestros.
Día:
…no quería pensar, temblaba y estaba más pálido que El acoso
un palo de ocote, no quería ni salir a la calle, todos Tarde:
hacían como que nada pasaba. Mi hermano menor se …«no te preocupes, hijo», fue todo lo que me dijo con
dio cuenta y me preguntaba impertinentemente: «¿qué mucha tranquilidad, cuando yo tenía ganas de hacer
te pasa?», «de sexto y chillando como niña», dijo con chis todo el tiempo… la mujer del tío me dijo que co-
coraje por no enterarse de algo que él sospechaba… miera con ellos y después me regresara con cuidado…
ni a mi hermano menor podía decirle que no iría a la me pidieron no viajar noche, era peligroso, «come y te
escuela hoy y menos por qué, no estaba en mi cabeza, regresas en el camión de las dos», fueron sus palabras…
tenía que llevar un recado que había metido entre mis
calcetines; el hermano de mamá que lo recibiría ni en- La memoria
terado estaba de jota… por fin al diez para las ocho salí Empecé a escribir frase aisladas, a veces inconexas en
corriendo, sin mochila, sólo un libro y un cuaderno en mi cuaderno de la primaria, un cuaderno «Nevado»
la mano, llegué antes de que cerraran la escuela, pero no como los que se usaban en aquel entonces; escribir era
entré… fui muy rápido a tomar el camión a la estación para mí la forma de «hacerme pendejo», «de tratar de
8 PALABRIJES 14 • JULIO-DICIEMBRE 2015

