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El 31 de julio de 2015, en la Ciudad de México, fue asesinado el fotógrafo y periodista mexicano Rubén
Espinosa Becerril junto con la activista social Nadia Vera Pérez y otras tres mujeres: Yesenia Quiroz
Alfaro, Mile Virginia Martin y Alejandra Negrete Avilés. Tanto Rubén Espinosa como Nadia Vera habían
recibido múltiples amenazas de las que responsabilizaban al gobernador del Estado de Veracruz,
Javier Duarte. Durante el mandato de Duarte han sido asesinados, hasta el cierre de esta edición, 17
periodistas y otros 2 siguen desaparecidos. Los apuntes que reproducimos a continuación constituyen
una reflexión que la periodista Marcela Turati publicó en su Facebook el 3 de agosto de 2015.
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Qué vamos a hacer
¿Qué vamos a hacer ante el crimen de Rubén y de Nadia? ¿Qué? Me preguntan, nos preguntan
colegas y defensores de derechos humanos. Esta vez no se nos ocurre nada. Hoy se me acabó
la imaginación. No sé si es porque todo se ve nublado, porque hoy no es día inteligente o por esa
sensación de que ya lo hemos intentado todo. Hemos denunciado la situación convirtiendo en
monótono nuestro muro de fb y hasta en los más altos foros internacionales (los enviados del gobierno
nos acusan de mentirosas, las organizaciones internacionales no pasan de darnos palmadas en la
espalda y condolencias), hemos marchado con ataúdes al hombro, hemos encabezado protestas
-algunas festivas, otras tragándonos las lágrimas-, hemos acompañado a colegas amordazados para
que se animen a marchar o a visitar tumbas, hemos realizado informes, actividades culturales (y
también boicoteado), subastas, colectas, cortometrajes, misiones de investigación de los crímenes,
hemos dedicado años/vida desde que nos incomodó la conciencia, hemos publicado notas y reportajes
y muchos y muchas veces y siempre los mismos... ¿Qué sigue? En el entierro de Rubén, aunque nos
prometimos no dejar de pedir justicia, varios nos mirábamos como náufragos. ¿Qué sí funciona? Ya no
sa bemos.
Con el asesinato de Rubén se aseguraron de hacernos llegar varios mensajes paralizantes: No importa
que no cubras notas policiacas, cualquier tema incómodo está vedado// Pagarás si sales a la calle a
pedir que no sigan silenciando a periodistas y a la gente que protesta// No importa el medio para el que
trabajes ninguno te servirá como escudo// No huyas al DF porque hasta allí iremos a cazarte// No hace
la diferencia que lo grites o denuncies en distintos medios o ante todas las organizaciones de defensa
de la prensa o que las instituciones gubernamentales que deberían protegerte estén enteradas de tu
caso porque ningún mecanismo o estrategia o acción podrá salvarte del destino que te hemos marcado.
El mensaje fue recibido. Ahora nos fue entregado aquí, en la ciudad oasis en donde ese tipo de
violencia no llegaba. Y además no mataron a cualquiera, asesinaron y torturaron al más valiente, al
experto en seguridad, al de los ideales trabajados, a un profesional de la lente, a un incorruptible, a uno
de los mejores.
Hoy fue desgarrador ver partir a los y las colegas (la mayoría jovencitos) que regresaban a Veracruz
con los ojos hinchados, el horror en el rostro, la rabia atorada en la garganta, la dignidad bien puesta.
¿Nos volveremos a ver? ¿Será en otro entierro? ¿De quién? ¿Hacemos un de-tin-marín para especular
y jugar a las probabilidades? Este año les ha tocado enterrar a tres amigos; desde 2012 la muerte
comenzó a cercarlos.
Tras escuchar a muchos colegas estos tres días de pesadilla me quedé, o quizás nos quedamos,
mascando preguntas incómodas. ¿Existe alguna fórmula para proteger a periodistas; a quién le toca;
le importa a alguien? ¿Vencieron los cínicos y los silenciadores? ¿Seguimos simulando que algo
sirve? ¿Es hora de empacar la solidaridad, abandonar la denuncia que nos dejó mudos, regresar a
las redacciones vencidos -«te lo dije», dirán muchos colegas con satisfacción- y funcionar haciendo
lo que se espera de nosotros? ¿El periodismo puro y duro será el escudo que estamos buscando?
¿Aunque maten a quienes toquen temas que incomoden? ¿O hacemos un periodismo que no denuncia
lo que cuesta la vida? ¿Ha llegado el momento de cambiar de país o de oficio? ¿Dinamitamos todo?
¿Construimos algo nuevo? ¿Se puede?
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PALABRIJES 14 • JULIO-DICIEMBRE 2015

