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El acoso                                      eran muy malos. Los héroes eran el Armero Próspero
          Noche:                                        y sus amigos: un sabio, un arlequín y una muñeca que
          …estaban en la esquina, eran muchos coches negros    se oponían a los gordinflones. La muñeca Tuti, sin
          con antenitas en su techo, muchos trajeados de negro con   saberlo, era mi amor que sólo estaba en la cabeza, era
          sus lentes obscuros. Estaban allí donde vendían ma-  una bailarinita de caja; cuando me enseñaba Toñito el
          teriales de construcción, en la esquina, en la casa de   dibujo me emocionaba, era flaquita como mi amiga Paty,
          Hortensia y Silvia. Sus papás eran los dueños, eran   a la que nunca pude decirle «Tuti» por ser de un cuento
          muchos policías, muchos judiciales, dan tanto miedo   prohibido, donde unos cirqueros y el pueblo hicieron
          que dan ganas de hacer chis…                  una revolución. Paty tenía una trenza gorda, siempre
                                                        estaba sonriendo y tenía ojos de gato, cuando la abra-
          Día:                                          zaba me empujaba con un «vas a ver con la maestra»;
          …me decían quedito-quedito, si te preguntan no les   nunca pude decirle nada, ni de Tuti ni del cosquilleo
          digas nada, ¿me oyes?, nada, si te siguen, tú como si   que sentía en la cabeza cuando estaba cerca, su cara
          nada…                                         me miraba sonriendo de vez en cuando. El gallinero y
                                                        Paty eran parte de mi cabeza.
          Noche:
          Así pasaron muchas noches, sin saber bien cuántas,   El acoso
          aunque sabíamos o adivinábamos qué pasaba. Veía-  Tarde:
          mos ahí parados a los judiciales, fumando, pelando y   …esa vez nos dijeron que no prendiéramos la tele,
          comiendo pepitas de calabaza. Los raterillos del barrio   que no saliéramos a jugar a la calle con los amigos, que
          te veían con lástima y al mismo tiempo con solidaridad,   después de comer nos quedáramos en el patio. Mi
          «si te pescan, ya te chingastes brother, cuídate»; nos   hermana dijo «nos van a matar»; después del lloriqueo
          daba más miedo…                               escandaloso nos regañaron, pues querían que no hicié-
                                                        ramos ruido, «ellos oirían y vendrían rápido», dijo la
          La memoria                                    otra de mis hermanas. Vi la ventana, allá estaban en
          Mi casa era conocida por todos en la cuadra, le llama-  la esquina como siempre…
          ban «la casa de los maestros», ahí vivíamos sólo con mi
          madre, que era maestra, mis hermanos y «amigos» de   La memoria
          «todos lados», que no sabíamos de dónde venían. Ellos   Mis hermanas se volvieron locas, apenas llegó em-
          no salían de día y dormían en un cuarto al fondo de   pezaron de chismosas; «es muy guapo», «está muy
          la casa, que llamábamos «el gallinero», estaba aislado   jovencito», la mayor de mis hermanas tenía poquito de
          de la casa, tenía solo una puerta, era, antes de que los   haber cumplido quince años, su vestido todavía estaba
          amigos llegaran, nuestro escondite, nuestro centro   en el closet, claro cuando la abuela se enteró les dijo
          de juegos. Jugábamos entre las camas destartaladas y   «coscolinas», «cabras locas» y otras cosas. Carmelo llegó
          veíamos por la ventana que daba a la cocina.  como siempre llegaban todos los «amigos», de noche, vi
               Toñito era un coprero flaquito-flaquito; nunca   el reloj y eran las 3:21 a.m., nunca entendí por qué se
          supe, sino mucho tiempo después qué era un «coprero»;   iban o llegaban de noche en ese tiempo. Nos mandaban
          ahí dormía también el «Doc», un doctor que lo revisaba   a dormir temprano, pero no nos dormíamos, cerrá-
          de no sé que enfermedad; de paso el Doc nos miraba y   bamos los ojos y dizque roncábamos. Vimos muchas
          a veces decía cosas que no entendíamos, pero siempre   veces cómo llegaban o se iban, entraban o salían los
          con el: «¿cómo van en la escuela?», «a portarse bien».   coches de la casa, todos los vecinos dormían y nadie
          La verdad nunca lo vimos vestido de blanco ni tampoco   se daba cuenta de que entraban o salían, siempre era
          traía bata. Toñito luego nos llamaba para leernos cuen-  lo mismo. Carmelo o Cuauhtémoc, me acuerdo que se
          tos, apenas había aprendido a leer, el Doc le enseñó.   llamaba así con esos dos nombres, así lo conocían los
          A mí me sonaban a cuentos prohibidos, nunca debía   hermanos de mi mamá, era el único de todos los amigos
          mencionarlos a los otros niños y menos a la maestra   que tenía pelo largo, ojos de gato y hombros de boxea-
          Esperancita, aunque nunca supe por qué eran malos.   dor, miraba como en el poster que tenían mis hermanas
          Apenas había terminado Robinson Crusoe y Los tres   de Jim Morrison en su cuarto. Él llegó después que se
          Mosqueteros, esos cuentos, decía la maestra, era bueno   fue Toñito y sus amigos, entre ellos el Doc también
          leer, eran para niños como nosotros.          se fue. Los amigos que acababan de llegar no contaban
               Me gustaba cuando Toñito nos leía el de Los tres   cuentos, aunque jugaban con nosotros poquito y luego
          gordinflones, tres gordos dueños de no sé qué país que   nos trataban como si no estuvíeramos ahí.

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          PALABRIJES 14 • JULIO-DICIEMBRE 2015
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