La migración de retorno vista

a través de la circularidad.

Desplazamientos entre Bolivia y Brasil*


Bruno Miranda**

Resumen. Las movilidades en Sudamérica conforman un sistema migratorio propio; en el caso de Bolivia y Brasil, los flujos se adecuan a los altibajos de la industria de la confección de São Paulo. Por lo mismo, son movimientos circulares, que implican retornos sucesivos. En este sentido, hablar sencillamente de migración de retorno, vuelve borroso el uso dinámico del espacio entre las ciudades de El Alto y São Paulo. A través de la descripción y análisis de las trayectorias de movilidades de una familia boliviana, y con el uso de nociones como la circularidad migratoria y la reversibilidad, este artículo construye un marco analítico desde el que se pueda considerar la migración de retorno dentro de un patrón caracterizado por ciclos.

Palabras clave. Migración boliviana, migración de retorno, ciclo migratorio, circularidad migratoria, reversibilidad.

The return migration seen through circularity. Displacements between Bolivia and Brazil

Abstract. Mobilities inside South America shape a specific migratory system. When it comes to Bolivia and Brazil, migration flows adjust themselves to the ups and downs of São Paulo´s fashion industry. Because of that, these are circular movements of people, which imply consecutive returns. Therefore, to debate return migration itself blurs the dynamic use of the space between El Alto and São Paulo. Drawn upon a Bolivian family´s trajectories, and making use of migratory circulation and reversibility as key concepts, this paper builds an analytical framework from which to fit return migration into a migration pattern marked by cycles.

Key words. Bolivian migration, return migration, migratory cycle, migratory circulation, reversibility.

http://dx.doi.org/10.29092/uacm.v16i41.725

Introducción

La presente propuesta se desarrolla en el marco de los estudios sobre la migración de retorno a nivel intrarregional, específicamente desde Brasil hacia Bolivia. El texto surge a raíz de las evidencias constatadas por continuos trabajos de campo realizados desde 2013 con individuos y grupos familiares bolivianos, tanto en la ciudad de São Paulo, Brasil, como en las ciudades de La Paz y El Alto, en Bolivia, lugares de origen de esos sujetos. Los encuentros, la convivencia y el seguimiento de sus trayectorias a lo largo de los últimos años, dan cuenta de un retorno circular entre esos dos lugares, distanciados entre sí por más de tres mil kilómetros. Es decir, luego de la estancia en São Paulo, que varía en duración, esos migrantes vuelven a su lugar de origen. A cada vaivén, un nuevo circuito se cierra.

Esta movilidad responde en gran medida a la posibilidad de inserción en la industria de la confección en la capital paulista, que se ha convertido desde mediados de los años noventa en un único nicho laboral para los migrantes bolivianos (Da Silva, 1995; Souchaud, 2012). En este sentido, el estudio de Côrtes (2013) revela que los costureros no brasileños del estado de São Paulo —región en la que se concentran los flujos migratorios con lugar de origen en el altiplano boliviano— están representados en un 84% por sujetos de nacionalidad boliviana.

Según el Censo Demográfico realizado en Brasil en 2010, hubo un aumento expresivo de más de un 80% del contingente poblacional de migrantes internacionales en comparación con el censo realizado diez años antes (Oliveira, 2013). Ese abrupto incremento en pocos años, se explica en gran parte por la capacidad de resistencia de la economía brasileña a la crisis financiera que ha impactado algunos de los países receptores de migrantes latinoamericanos, como pueden ser EEUU o España. Sin embargo, la resistencia no duró mucho tiempo. La industria de la confección nacional sintió los primeros efectos de la crisis en el despido de casi 150 mil empleados formales entre 2014 y 2016, según la Associação Brasileira da Indústria Têxtil e de Confecção (ABIT, 2017). Los talleres de costura con migrantes sufrieron una baja en los pedidos por parte de las empresas comercializadoras de prendas de vestir que los subcontratan. De ahí que muchos talleristas1 y costureros hayan decidido emprender el retorno definitivo a Bolivia.

El taller de costura es también su vivienda. El desempeño laboral de los costureros y de las costureras bolivianas transcurre en jornadas de quince horas diarias o más. Son circuitos productivos donde se practica el pago a destajo, es decir, por prenda confeccionada. Los costureros migrantes prácticamente no se despegan de la máquina de costura, por lo menos no entre semana. En el afán de conseguir más costureros, los talleristas establecen contactos desde São Paulo con parientes directos o extendidos, localizados en Bolivia. En otras ocasiones, los mismos talleristas se trasladan a los Andes, o piden a algún empleado que lo haga, para traer consigo más migrantes. A través de la operación de contratación transnacional, los talleristas apadrinan a sus empleados porque suelen financiar el traslado a Brasil, y les ofrecen además techo y comida (Miranda, 2017).

Al partir de la hipótesis de que se vive hoy una suspensión parcial de las circulaciones entre los dos polos que conectan a esos lugares (La Paz/El Alto – São Paulo), el objetivo del presente texto es aportar un marco analítico de la migración de retorno boliviano desde Brasil, específicamente desde la zona metropolitana de São Paulo, a partir de la noción de circularidad migratoria (Canales, 1999) y de la reversibilidad (Domenach y Picouet, 1987). Este marco teórico me permite enfocar en las movilidades mismas, sus formas y tendencias. Las movilidades que analizo indican un patrón más dinámico y propio de países que comparten fronteras; reivindican por lo tanto un enfoque distinto al del patrón tradicional de los asentamientos de larga duración en los lugares de acogida, y del retorno al final de un ciclo de vida.

Metodológicamente, echo mano de la descripción y análisis de las trayectorias de movilidad de una familia alteña (gentilicio de la ciudad de El Alto). Se trata de la familia Escobar Huarachi, unida por el matrimonio de Roberto Escobar y de Marta Huarachi. La información fue recogida a través de charlas informales en espacios públicos (mercados callejeros, parques, restaurantes, ayunos religiosos, calles y puestos comerciales de sus barrios) y privados (talleres/viviendas, residencias) en las ciudades de São Paulo, Brasil y de El Alto, Bolivia. De la misma manera, he aplicado entrevistas semiestructuradas a los sujetos en cuestión en función de sus idas y venidas entre las dos ciudades. La adopción de un método cualitativo-etnográfico no es una elección fortuita, ya que las lagunas dejadas por los censos y por las encuestas estatales de Bolivia y de Brasil sólo permiten estudios de amplitud limitados. Yo, en cambio buscaré un estudio a profundidad, cuyo resultado pretende ser un marco que pueda ser generalizado en términos analíticos hacia otros grupos de migrantes costureros en São Paulo y en Buenos Aires, ya que comparten la misma dinámica de contratación y empleo de costureros (Benencia, 2009).

La historia de una joven familia en movimiento circular

Los registros de la Dirección General de Migración (DGEMIG), subordinada al Ministerio de Gobierno de Bolivia, reflejan los incrementos sucesivos de los migrantes de retorno. La Gráfica 1 refleja el aumento constante desde 2008, pero como se observa, aunque los números rebasen al millón de retornados a partir de 2014, los y las bolivianas que salen del país siguen siendo superiores. Esos datos se refieren a las llegadas de ciudadanos bolivianos tanto por aire como por tierra.

Gráfica 1 - Flujo migratorio de llegadas y salidas ciudadanos bolivianos, 2008-2016

Reelaboración propia con base en datos de DGEMIG (2017)


En el desglose de las llegadas a Bolivia por frontera, no se logra identificar a los ciudadanos específicamente bolivianos que las cruzan. Ni el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2012, ni el Perfil Migratorio de Bolivia a cargo de la Organización Internacional de las Migraciones (2011), traen datos sociodemográficos que permitan un análisis profundizado del retorno.2

Ante las dificultades de profundización de los estudios sobre el retorno boliviano a partir de las estadísticas estatales, y ante la ausencia de proyectos de investigación colectivos de manejo de muestras poblacionales significativas, he optado por desarrollar un marco analítico del retorno migratorio boliviano a partir de las trayectorias de movilidad de la familia alteña Escobar Huarachi. Unida por el matrimonio de Roberto Escobar y de Marta Huarachi, esta joven familia suma en total treinta y tres miembros (Figura 1). De estos, diecinueve en algún momento a partir de 2005, dejaron los Andes bolivianos rumbo al mayor centro urbano brasileño: la zona metropolitana de São Paulo. Llevaban consigo planes individuales y familiares alrededor de la máquina de costura y de la industria de confección. Todos ellos han nacido o al menos crecido en la periferia de la ciudad de El Alto, situada a las afueras de la ciudad capital La Paz.

Roberto, Marta y Luisa3 (migrantes-interfaz)

Roberto tiene 32 años. Pisó São Paulo por primera vez en 2005, y pudo constituir un taller propio, junto con su esposa Marta, hasta 2011. Su actividad en el primero de los talleres por los que pasó fue planchar prendas de vestir, de lunes a domingo, cobrando dlls. $ 16.5 al mes, más comida y techo (Miranda, 2017). Luego, ascendió a ayudante de taller. Voló4 por más de veinte talleres antes de formar el suyo. Marta está a punto de cumplir 35 años, y llegó a São Paulo en 2008. Luego de volar por más de siete talleres distintos en calidad de costurera, siempre en compañía de su marido, a fines de 2015 los dos recibieron una propuesta para irse a trabajar a Goiânia, la capital del estado de Goiás, a 900km de São Paulo. En ese lugar, cobrarían más por prenda confeccionada, en comparación con el abarrotado universo de talleres con migrantes en la zona metropolitana de São Paulo.5

Figura 1 – Genealogía de la familia Escobar Huarachi, con destaque para la unión de Roberto y Mart

Elaboración propia en Genopro 3.0.1.4


Fue así que, a fines de enero 2016, dejaron sus muebles, sus máquinas de costura y las demás pertenencias debidamente preparadas en el departamento rentado en el que funcionaba su taller de costura, ubicado en el barrio Bom Retiro, en el centro de São Paulo. Luego, se dirigieron todos, la pareja y los cuatro hijos Marcela (15), Lucio (13), José (9) y Cristina (5), a la ciudad boliviana de El Alto para despedirse de sus familiares, ya que la ida a Goiânia implicaría otra estancia indefinida en Brasil. Estuvieron dos meses en El Alto, la mayor ciudad del altiplano boliviano, donde se han conocido el uno al otro y han tenido sus tres primeros hijos. Al llegar, Marta se enteró de que su mamá estaba mal de salud. “Tenía líquido en los pulmones”, revela (Diario de campo, El Alto, Bolivia, junio-julio 2017). Según ella, fue lo que más le pesó y a su esposo para que decidieran, de manera imprevista, quedarse en Bolivia. Sin embargo, antes de establecerse, y con el fin de juntar más ahorros para poder pagar la logística del retorno, volvieron al centro de São Paulo y se pusieron a trabajar durante tres meses como costureros en el taller gestionado por la tía de Roberto, Luisa.

La actividad migratoria de Roberto, es decir, el periodo completo entre su primer viaje a São Paulo y su restablecimiento en El Alto (Baby-Collin et al., 2008), es de once años, de 2005 a 2016. En dicho periodo, él ha acumulado ocho idas y vueltas entre las dos ciudades, y cuatro ciclos migratorios completos, entendiendo cada ciclo como una partida desde, y una llegada al lugar de origen. Entre 2008-2016, Marta acumuló seis idas y vueltas entre los mismos polos, conformando tres ciclos completos.

En el primer de los ciclos (2005-2007), Roberto se instaló solo en el taller de Don Adolfo, un migrante boliviano que se desempeña hace muchos años como tallerista en el centro de São Paulo. Este, recibió a Roberto en su taller/vivienda y de cierta manera, lo apadrinó. Dos años después, ya con los conocimientos de un costurero rectista6, Roberto retornó a El Alto para recoger a Marta y a su hermana Pamela, con su hija Ariana. El segundo ciclo (2008-2009) fue el periodo de instalación y aprendizaje de Marta en el universo de la confección. En 2009, volvieron a Bolivia en separado, Roberto antes, y Marta después ambos por la frontera de Puerto Suárez. Marta estaba embarazada de cinco meses de su tercer hijo. Por esto, decidieron tener a su futuro bebé en Bolivia, y además recoger los dos primeros hijos, que se habían quedado con Elena, la mamá de Roberto.

Luego de siete meses en el altiplano boliviano, y una vez nacido su tercer hijo, reemigraron a São Paulo, en esta ocasión, con los tres hijos. Eligieron el cruce de frontera de Ibibobo, a través del Chaco paraguayo, menos riesgoso en términos de control migratorio-policiaco, aunque más duro por las condiciones climáticas de la región y por el camino de terracería. Nuevamente, se trasladaron en separado, Roberto en enero, y Marta en mayo de 2010. Marta se encargó de llevar consigo la tía de Roberto, Luisa (quien iba por primera vez), su hermano Rolando y su cuñada Mariana. Este fue el ciclo más prolongado para Roberto y Marta (2010-2016), a lo largo del que pudieron inaugurar un taller propio en 2011. En febrero de 2016 sucedió el cambio drástico cuando en una visita familiar, decidieron quedarse en El Alto. Iniciaron entonces el último ciclo migratorio (febrero/16 - mayo/16) para vender sus pertenencias que habían quedado en São Paulo.

A lo largo de su actividad migratoria, los dos han sido la interfaz por el que siete parientes del lado de Roberto y otros siete del lado de Marta, llegaran a trabajar y vivir en los talleres de costura del centro de la ciudad brasileña. Por interfaz, me refiero al migrante que, en calidad de empleado o de empleador, se encarga de incorporar a otro migrante en la red social o sociofamiliar entorno a cada taller de costura en São Paulo. En este sentido, Roberto y Marta fueron los migrantes-interfaz a pedido de dos empleadores: el ya comentado Don Adolfo, y Don Edwin, también migrante tallerista. Estos dos personajes les encargaban a la pareja en cuestión traer más costureros del otro lado de la frontera. El segundo, Don Edwin, ha empleado a los hermanos y a los cuñados de Marta. Los dos talleristas siguen en São Paulo y eventualmente entran en contacto por WhatsApp o Facebook con los miembros la familia Escobar Huarachi para ofrecerles nuevos puestos de trabajo como rectistas u overloquistas.

Lo anterior también se aplica a Luisa, tía de Roberto. Ella sigue viviendo en São Paulo, en condición de tallerista. Comparte actualmente una residencia donde funciona su taller y de su compañero Rogelio, más el taller de costura de su cuñada y el de una joven pareja boliviana, oriunda de la región de los Yungas, Bolivia. El taller se ubica en el barrio del Brás7. Luisa puede contactar o ser contactada por cualquier miembro de la familia Escobar Huarachi para echar a andar nuevos ciclos migratorios entre El Alto y São Paulo. Por esto, Luisa también es una migrante-interfaz.

Luisa y Rogelio son provenientes de la ciudad de El Alto y tienen una visa de residencia permanente en Brasil8. Ella llegó a São Paulo en mayo de 2008, a pedido de su sobrino Roberto para que ayudara a cuidar al su tercer hijo, recién nacido. Allá, Luisa se quedó por ocho meses, y retornó a El Alto el diciembre del mismo año (ciclo mayo/2008 – dic/2008). Después de un año en el altiplano de Bolivia, Luisa decidió reemigrar a São Paulo, de esta vez para dedicarse a la confección. Aprovechó el que su sobrino y pareja se encontraban de nueva monta en El Alto, y se trasladaron a Brasil los tres juntos, más los tres hijos de Roberto y Marta. Al llegar al destino, trabajarían los tres adultos confeccionando en cadena9. Luego, en enero de 2013, ya con los documentos migratorios, finalizó su segundo ciclo al regresar a su lugar de origen (ciclo 2010 – 2013). Estuvo en El Alto sólo dos meses, lo suficiente para visitar a los parientes y para emprender nuevamente el recorrido de tres mil kilómetros que separan un lugar del otro. Y de nuevo, se llevó a su cuñada y sobrinas. Desde 2013, ya no ha vuelto a Bolivia, pero ha acompañado a Pamela hasta la frontera entre Corumbá y Puerto Suárez en 2015.

Ella y su compañero Rogelio han inaugurado un taller propio en 2016, un año después del nacimiento de su hija Yarita. Aunque me revela que no les falta servicio10, cuando preguntada sobre sus intenciones de retornar a Bolivia, dice: “Estoy harta de la costura, quisiera regresar y estar cerca de mi familia” (Diario de campo, São Paulo, Brasil, junio-julio 2018). En el día nublado y húmedo que nos encontramos, traía los ojos rojos porque se había despertado a las 5h de la mañana para vender productos alimentares andinos (papa y quínoa) a los migrantes bolivianos que tienen puestos ambulantes alrededor de la Feirinha da Madrugada11, en medio al vaivén constante y frenético de los compradores.

Desde su regreso a El Alto hace dos años, Roberto ha sido operado tres veces desde el retorno: por apendicitis y por un cálculo biliar. Según él mismo, su salud se debilitó porque “renegaba mucho con la costura” (Diario de campo, El Alto, Bolivia, junio-julio 2017), refiriéndose a la presión ejercida por parte de los empresarios para cumplir los plazos de entrega de los pedidos de ropa. Para Roberto, la imposibilidad de mantener a los hijos y pagar la renta de más de dlls. $500 en el centro de São Paulo, más la larga jornada laboral frente a la cada vez menor paga por prenda confeccionada, le pesaron al tomar la decisión de quedarse en Bolivia. Él no piensa reemigrar. Revela que vive tranquilo en Bolivia y disfruta de su familia. Estar junto a su esposa, hijos, hermanas y mamá, tener su propia movilidad12, conocer el entorno de El Alto, le da más libertad de movimiento y más control sobre su propio tiempo.

Marta a su vez está más centrada en las actividades del hogar, y contribuye hoy menos con los ingresos familiares en comparación con lo que realizaba en São Paulo, donde no sólo cocinaba para todo el taller, sino que alfabetizaba a los niños y se encargaba de la confección de los modelos de ropa más complejos. Ella me confiesa querer volver a trabajar en la costura en São Paulo, pero que en los hechos, eso es inviable en el momento, dado que un nuevo ciclo migratorio perjudicaría la escolarización de sus hijos, todos matriculados en los cursos de Primaria y de Secundaria de un centro educativo alteño.

Rolando, Mariana y Pamela (dos ciclos migratorios)

En su primer traslado a Brasil, en mayo de 2010, Rolando y Mariana (hermano y cuñada de Marta), se llevaron a su hija mayor, Nadir (8), que tenía año y medio en ese entonces. Rolando actualmente tiene 28 años, y Mariana 26. El impulso para trasladarse a São Paulo fueron las deudas contraídas con un banco de crédito de El Alto para financiar el arreglo de su movilidad (un autobús). Roberto les financió el traslado. El valor correspondiente luego fue descontado de su pago a lo largo de seis meses de trabajo en la confección de ropa.

Al llegar a su destino, se emplearon en el taller/vivienda gestionado por Don Adolfo. La primera impresión del taller no fue positiva para Mariana:


Llegamos en la tardecita, como 17h, 18h, nos recibió Don Adolfo, y era todo muy diferente de aquí [Bolivia], era como una casa de ratón, no teníamos cuarto propio. Nos recibieron bien con un refresquito, pero al día siguiente, a las 7h de la mañana, ya teníamos que sentarnos en una máquina que ni sabes cómo pisar. Yo nunca había costurado en mi vida. (Entrevista, El Alto, 24.06.2018)


Dormían tres parejas con sus respectivos hijos en la misma habitación, en un total de diez personas. Mariana empezó cobrando menos de dlls. $100 mensuales. Trabajaba incluso los fines de semana, cuando en general los migrantes de la costura tienen tiempo libre para salir a pasear, o simplemente lavar la ropa sudada y descansar sus cuerpos. Durante año y medio, ella afirma no haber adquirido bienes de consumo: “Todo lo que trabajábamos era para pagar la deuda en el banco, ¡para el banco! Cualquier ahorro era para guardar, ¡siempre era eso!”. Después de un cierto periodo de aprendizaje, y al empezar a trabajar en cadena, Mariana y Rolando pasaron a cobrar lo equivalente a dlls. $500 mensuales, lo que les posibilitó ahorrar e enviar remesas a Bolivia para pagar su débito financiero.

Al salir del taller de Don Adolfo, se dirigieron a un taller que Roberto y Marta compartían con otra familia migrante en el barrio Bom Retiro. Allá, Mariana, Rolando y su hija estuvieron otro año entero. Una vez pagada la deuda con el banco, los tres retornaron a la ciudad de El Alto. Mariana me revela que:


Nunca había salido ni hacia otros departamentos de Bolivia. Mi primer viaje fue hacia Brasil, un lugar que no conocía. Por eso, el anhelo de mi esposo era volver a nuestra tierra, que nadie nos esté diciendo qué hacer. Porque allá [en Brasil] no puedes salir de lunes a viernes, y si sales, el dueño del taller pone su cara, o te retrasas en la confección de las prendas. Además, mi hija estaba siempre encerrada y se ponía muy llorosa. (Entrevista, El Alto, 24.06.2018)


Llegaron al altiplano boliviano en febrero de 2013, finalizando su primer ciclo migratorio. Este mismo mes, Don Adolfo les envió un giro para que pagaran su traslado y volvieran a trabajar con él. La estancia en Bolivia fue sólo de unos pocos días, porque a inicios de marzo, ya estaban nuevamente en el centro de São Paulo. Quedaron ocho meses con Don Adolfo. Luego, fueron nuevamente a trabajar con Roberto y Marta, de esta vez en su propio taller, donde estuvieron más de un año. La nueva estancia permitió ahorrar para dar cuenta de otros arreglos pendientes en su autobús y reanudar la vida en condición de transportista, su principal fuente de ingreso en El Alto.

Ellos retornaron finalmente a El Alto en 2015, con un ahorro de dlls. $ 2,000. La decisión del retorno fue de Rolando, para quien la confección ya le había costado unos dolores en los riñones, cansancio y estrés. Además, quería volver a participar en las actividades del sindicato de transportistas del que es miembro activo. Luego de haber completado dos ciclos migratorios (2010-2013 y 2013-2015), esta joven pareja se siente más dueña de su tiempo, incluso para elegir los momentos de descanso a lo largo de una jornada: “Allá no podía estar libre, aquí estoy libre”, desahoga Rolando (Entrevista, El Alto, 04.07.2018). Por el hecho de que su residencia temporal se ha expirado, y de que su hija Nadir tiene ocho años y está matriculada regularmente en un colegio, los planes están orientados a permanecer en Bolivia. Ellos se refieren a la complejidad que implicaría una nueva movilidad para volver a inscribir su hija en un colegio público de São Paulo.

Por otro lado, Pamela (30), la hermana más grande de Roberto, se trasladó a la ciudad de São Paulo por primera vez en febrero de 2008, donde estuvo año y medio (ciclo 2008-2009). Se trasladó con su cuñada Marta, su hermano y un amigo por tierra, cruzando la frontera de Puerto Suárez. Al taller de costura que llegó, ubicado en el céntrico barrio Luz, trabajaban ocho costureros bolivianos. Empezó manejando la máquina recta, utilizada para hacer costuras rectilíneas como las laterales de los pantalones, y cobraba al principio cerca de dlls. $100 al mes. En este primer local de trabajo y vivienda, estuvo medio año: “Luego, nos hemos cambiado, porque la señora dueña del taller nos trataba muy mal”, dice Pamela (Entrevista, El Alto, 26.08.2018).

Sin embargo, el cambio de taller no significó mejores tratos, sino justo lo contrario. En el barrio Brás, la gestora del segundo taller, proveniente de Oruro (Bolivia), les obligaba a empezar la jornada de trabajo a las 6h de la mañana y les daba sólo un vaso de té para el desayuno o a veces unas cuantas galletas. Y en el almuerzo, arroz con salchicha. La misma dieta se repetía para el café de la tarde y la cena, respectivamente. Pamela pasaría por otro taller más en su estancia en Brasil. En el tercer y último local de trabajo/vivienda, ubicado en las mediaciones de la famosa Praça da Sé, “las prendas eran muy difíciles y te pagaban poco”, me comenta. En año y medio, pasó por tres talleres de costura distintos. A fines de 2009, decidió retornar a El Alto. Dice Pamela:


El trabajo era muy abusivo, no podía descansar bien, no alcanzaba a descansar en la hora de la comida ni después de la jornada porque tenía que limpiar el taller. A veces descansaba a las 23h, 23h30…Quería quedarme allá, pero nos ha tocado muy mal, por eso me vine para acá. Me convenía más trabajar en Bolivia, porque el horario de trabajo era de 8h al mediodía, luego de 14h a las 18h. (Entrevista, El Alto, 26.08.2018)


En una plática amena, Pamela me contó que estuvo en El Alto por cinco años antes de reemigrar a São Paulo en 2013, ya con su hija Ariana, que para ese entonces tenía dos años. Emprendió el traslado por Puerto Suárez en compañía de su mamá Elena, su hermana Damaris, su sobrino Gadiel, su cuñado Ruddi y su tía Luisa. Llegaron todas al taller que gestionaban Roberto y Marta. “Mi hermano nos trataba bien, la comida era buena”, afirma. En la segunda estancia, estuvo en São Paulo por un año (ciclo 2013-2014). Según me revela, sólo retorno en definitiva a El Alto porque su hija, ya con tres años, tenía que entrar al colegio, y se quedaba encerrada en el taller del patrón: “Por eso, los que tienen hijos, abren su propio taller”, confiesa.

Giovana y Gabriel (un ciclo corto)

La otra hermana de Marta y su cuñado, Giovana (37) y Gabriel (37), se trasladaron a São Paulo por primera vez en 2012, en condición de costureros y a invitación de Roberto. Éste, necesitaba personal para ayudar en las labores de confección de su propio taller y le ha animado a Giovana diciendo les iba a ir mejor en Brasil que en Bolivia. Ella entonces se desligó de un empleo asegurado en una fábrica de fideos de El Alto, “porque quería aprender a costurar y conocer Brasil” (Entrevista, El Alto, 04.07.2018). Además, quería volver a ver a su hermana Marta, de la que es muy allegada. Dados sus ahorros, Giovana pudo financiar el traslado de toda su familia: el de su esposo y el de sus dos hijos Pablo (18) y Damaris (16), en ese entonces con 13 y 11 años, respectivamente.

Al llegar a la Terminal Barra Funda, de la ciudad de São Paulo, que es el punto final de muchos autobuses con migrantes provenientes de El Alto, Roberto los recibió. En un taxi, se dirigieron al centro de la ciudad. En lugar de ubicarlos en su propio taller, donde Giovana trabajaría al lado de su hermana, Roberto los entregó a Don Edwin, el tallerista que con Don Adolfo, han apadrinado varios de los migrantes de la familia Escobar Huarachi. La mala noticia en la bienvenida a la ciudad fue seguida de malos tratos por parte de su nuevo empleador. Pasaron entonces a dividir el taller/vivienda con otros costureros bolivianos y a trabajar en media quince horas diarias, a cambio de U$6013 mensuales para cada quien.

A la pareja no le fue bien. Sentado enfrente de una máquina de costura, Gabriel, quien se ha dedicado a arreglar y a manejar autobuses en El Alto, tenía los dedos muy gordos y no era lo suficientemente delicado para confeccionar prendas. Giovana por su lado se sentía muy presionada por Don Edwin, su empleador, a que aprendiera a manejar una máquina overloque lo más pronto que pudiera. Su relato es preciso:


A los tres días en el taller, el Sr. Edwin me exigía más velocidad en la costura, pero yo no podía. “Como no puedes costurar, vas a entrar como cocinera”, me dijo. Entonces, me puso como cocinera y a lavar las tazas del baño. Había que sentarme rápido a costurar después de preparar la comida y la cena. (Entrevista, El Alto, 04.07.2018)

Esta familia también experimentó el encierro en el taller, algo que se ha venido denunciando en São Paulo en los últimos quince años, como rasgo esencial de lo que se conoce como trabajo esclavo contemporáneo (Miranda, 2017). Aprovechándose de la vulnerabilidad de la condición de migrantes recién-llegados, Don Edwin los mantenía encerrados y bajo amenazas psicológicas. Dice Giovana:


No nos dejaba salir ni siquiera los fines de semana. […]. Él no me dejaba ir a ver a mi hermana […] Lloraba harto, cocinando y llorando. Como no conocía, no salía a la calle […] yo ya estaba cansada, aburrida. Nos han encerrado. Yo estaba en un departamento encerrado con tres chapas. (Entrevista, El Alto, 04.07.2018)


Estuvieron tres meses en ese taller. En ese tiempo, ella vio a su hermana Marta sólo cuatro veces. Como si fuera poco, Giovana me comenta, con un bajo tono de voz, como si quisiera que nadie se enterara, que su colchón traía chinches, por lo que sus piernas estaban llenas de ronchas y ampollas. Don Edwin le obligaba a Pablo, su hijo más grande, a que estuviera todo el tiempo barriendo el taller y despejándolo de los trozos de tela y de hilos cortados.

Giovana se llevó consigo a São Paulo un ahorro de cerca de dlls. $2,500, de los cuales perdió casi todo en el traslado y durante la estancia de tres meses. Cuando le informó a su empleador que iba a retornar a Bolivia con su familia, ella se dio cuenta de que Roberto tenía una deuda con Don Edwin, luego de que estos dos discutieran a raíz de la decisión de retornar. “¡Vámonos a Bolivia!”, dijo a su esposo. “No estamos bien aquí, Pablo no está estudiando, iba a perder el año escolar, y en una semana más nos hemos venido [a Bolivia]. El Sr. Edwin se ha molestado, nos ha gritado, diciendo que somos flojos, que no queríamos trabajar” (Entrevista, El Alto, 04.07.2018). Retornaron a El Alto el mismo 2012, y desde entonces, no han reemigrado a São Paulo. Mientras sus papás no tienen planes de reemigrar a São Paulo, a Pablo le gustaría volver porque ahora tiene un bebe y necesita ahorros. La Figura 2 exhibe la trayectoria de movilidades y los ciclos migratorios de Roberto y Marta, señala a los miembros migrantes, los no migrantes y los migrantes-interfaz del uno y del otro lado de la frontera, según el hogar que ocupan. En el siguiente apartado, buscaré analizar las trayectorias traídas a colación hasta aquí con el uso de ciertas nociones socioespaciales, orientadas a explicar las distintas formas de movilidades implicadas.

Figura 2 – Trayectoria de movilidades de Roberto y Marta, y esquema migratorio general de la familia Escobar Huarachi, según hogar

Elaboración propia

La migración de retorno es múltiple y variada. ¿de qué se está hablando?

Dentro del sistema migratorio sudamericano —entendido como un sistema que integra espacios alejados entre sí a través de los migrantes, sus objetos, valores e ideas (Simon, 2008)— los flujos entre los Andes bolivianos y las grandes capitales brasileñas son recientes, comparados con el corredor migratorio que conecta algunas partes de Bolivia con las capitales argentinas (Grimson, 2005). La que he descrito, tampoco es una historia como la que nos relata Victor Espinosa en El dilema del retorno (1998), al analizar la actividad migratoria de una familia entre México y EU a lo largo de más de un siglo.

De hecho, el lugar de origen de los migrantes cuyas movilidades son aquí estudiadas, es una ciudad que ha crecido apenas en los años ochenta, resultado de las migraciones internas de Bolivia desde las zonas mineras de antaño (Sandoval y Sostres, 1989). En este sentido, El Alto es una ciudad que concatena la migración interna e internacional, y juntamente con los valles de Cochabamba, conforman los dos mayores centros emisores de migrantes internacionales en Bolivia (Cortes, 1998; Hinojosa Gordonava, 2009). Todo lo anterior se refleja de alguna manera en el hecho de que la pareja de referencia en este estudio (Roberto Escobar y Marta Huarachi) haya efectivamente inaugurado los traslados entre Bolivia y Brasil en su familia.

En las más de tres décadas del proceso de masificación del flujo Bolivia-Brasil, el Paraguay ha sido utilizado como lugar de tránsito, especialmente en los flujos de ida a São Paulo. De cierta forma, el territorio paraguayo se ha convertido en la frontera misma entre los dos países en cuestión. La manera como se apropian de ese espacio se acerca a la imagen de un territorio circulatorio (Tarrius, 2000), por el que las poblaciones instaladas en São Paulo, personalizadas en las figuras de los talleristas o costureros, conectan los futuros empleados del taller con la industria de la confección local, en su extremidad más precarizada. A esos empleados y empleadores, los he denominado migrantes-interfaz.

Recupero el marco que Alejandro Canales (1999) ha utilizado para analizar la movilidad entre México y EEUU, en una época de mayor permeabilidad que la que caracteriza a esa frontera actualmente. Según este autor, la condición migratoria no es el resultado del cambio de residencia en sí mismo, sino de la incorporación del migrante a un mercado laboral internacional. En dicho caso, los desplazamientos constantes implican privilegiar el movimiento o las estancias, en lugar del establecimiento o la residencia. Esto genera una configuración espacio-temporal de las movilidades específica: la circularidad migratoria. El autor estaba dando cuenta de unas movilidades diarias o estacionales entre los años ochenta y los noventa, que indican una frecuencia mayor de la que aquí me ocupa, una vez que las estancias de los costureros bolivianos en São Paulo suelen durar un año o más; raras veces duran pocos meses. De esta forma, se observa ciclos medianos como el de Roberto y Marta entre 2010 y 2016, durante el que efectivamente hubo un cambio de residencia-base, dada la inversión que se requiere para rentar un departamento e instalar un taller de costura, y las expectativas que eso genera.

A pesar de esos matices, las movilidades bolivianas mantienen lo esencial de la idea de la circularidad migratoria, una vez que están envueltas en un nicho laboral que acarrea fuerza de trabajo internacional, y que se alejan del patrón migratorio clásico de inserciones largas, que duran un ciclo de vida. La propia existencia de un marco común entre Bolivia, Brasil y Paraguay a través del Acuerdo Mercosur (2009) permite la regularización de la circularidad, y de cierta forma la gestión de la misma en función de los altibajos de la industria de la confección de São Paulo.

La idea general es que para cada partida, existe un retorno al lugar de origen, y este puede ser definitivo o momentáneo. Esta circularidad parece empatar con los ciclos realizados por los migrantes cuyas trayectorias de movilidad se describió anteriormente, tal vez con la excepción de Luisa, para quien el ciclo abierto en 2013 aún no se cierra. Otros estudios demuestran como la circularidad de los migrantes entre Bolivia y España es dificultada por la distancia que los separa y por la exigencia de una visa de ingreso a partir de 2007 (Bastia, 2011; De la Torre, 2014). El cierre o no del ciclo migratorio es por lo tanto uno de los elementos que distinguen las movilidades limítrofes (desde Bolivia hacia Argentina o Brasil) de las transoceánicas.

Los ciclos migratorios de los miembros de la familia Escobar Huarachi (Cuadro 1) incluyen desplazamientos de distintos tipos, motivaciones y expectativas:

El tránsito a través de la carretera Santa Cruz de la Sierra-Puerto Suárez-Corumbá, o en su defecto, el tránsito por el chaco boliviano-paraguayo;

El traslado a São Paulo para insertarse como costurero en un taller, ya sea para ahorrar o para pagar deudas;

El traslado a São Paulo para ayudar a cuidar un pariente;

Las visitas familiares a El Alto, que en general son realizadas luego de la Navidad o a inicios del año, y suelen duran de uno a cuatro meses. La visita es un tipo de retorno que finaliza un ciclo, y tiende a generar una nueva circularidad;

El traslado hasta la frontera de Puerto Suárez, para dejar a un pariente, y el retorno a São Paulo;

La sedentarización en el centro de São Paulo, marcado por la inauguración de un taller de costura propio y por ende, un cambio de residencia;

El retorno a El Alto para recoger al cónyuge o a los hijos;

El retorno a El Alto para tener a un hijo en el lugar de origen;

El retorno a El Alto para despedirse de los familiares antes de emprender un nuevo ciclo migratorio de mayor duración en Brasil;

El retorno al lugar de origen para cuidar a un pariente más grande;

El retorno definitivo al lugar de origen, tras una crisis económica;

El retorno definitivo al lugar de origen, tras las vejaciones en el local de trabajo/vivienda, o tras el desgaste acumulado en jornadas laborales intensas y extensas.


Distintas en sus tipos, motivaciones y expectativas, todas las movilidades adquieren la forma circular. Si a cada partida le corresponde una vuelta al lugar de origen, estaríamos ante sucesivas migraciones de retorno. La limitación de esta noción (migración de retorno), cuando colocada frente a las movilidades de la familia en cuestión, es que no distingue un retorno de visita a los parientes en Bolivia, de un retorno definitivo, para citar un ejemplo. Por el contrario, se observa que la frecuencia y la duración de los retornos a Bolivia varían de acuerdo a su trasfondo. Volver al lugar de origen con el fin de buscar a la pareja o a los hijos, implica reanudar otro ciclo pronto, mientras que volver a establecerse en el lugar de origen implica otras expectativas a futuro.


Cuadro 1 – Ciclos migratorios de la familia Escobar Huarachi, entre El Alto y São Paulo, a partir de 2005

Roberto

Marta

Luisa

2005-2007

2008-2009

2008-2008

2008-2009

2010-2016

2010-2013

2010-2016

Feb/16 – Mayo/16

2013 – días actuales

Feb/16 – Mayo/16

Rolando y Mariana

Pamela

Giovana y Gabriel

2010-2013

2008-2009

2012-2012

2013-2015

2013-2014

Elaboración propia


De ahí la conveniencia de la utilizar la noción de reversibilidad, planteada por H. Domenach y M. Picouet (1987) como un constructo socioespacial de análisis de los flujos migratorios que tienen un punto de origen en común y que despliegan circuitos cerrados. De hecho, la reversibilidad de los flujos permite abarcar a una multiplicidad de formas de retorno y darles cierta sistematicidad (Prunier, 2017). La tipología desarrollada por los autores originales incluye a los flujos reversibles constantes y los flujos reversibles esporádicos. Los primeros son flujos estructurados formal o informalmente, que abarcan los movimientos diarios de población vecinal fronteriza, los estacionales (como por ejemplo, los trabajadores agrícolas mexicanos en EU y Canadá), así como las movilidades cíclicas. Diferentemente de los constantes, los esporádicos son flujos inestables porque no dependen de una estructura existente, sino de una coyuntura favorable de los mercados laborales.

La reversibilidad constante y estructurada explica las movilidades bolivianas a São Paulo, en la medida que estas atienden a una institucionalidad de contratación y empleo desarrollada a lo largo de tres décadas (Miranda, 2017), de la que el taller de costura funciona como dispositivo de circulación y fijación (Côrtes, 2013). A su vez, el tipo esporádico y coyuntural ofrece insumos para pensar la intensificación de los flujos hacia Brasil en las dos primeras décadas del siglo XXI, cuando el mercado interno experimentó crecimiento a raíz de la generación de empleos. Es precisamente este el periodo de la actividad migratoria de Roberto, Marta y sus parientes, entre los años 2005-2016, durante el que el “sueño brasileño” parecía cercano y alcanzable. Fue también el periodo en el que los migrantes-interfaz fueron accionados con más intensidad. Más allá de una tipologización en sí misma, se propone entonces una reconceptualización de la migración de retorno (Rivera, 2015), en favor de su tratamiento como un evento sucesivo y circular. De esta forma, cuando hay retorno definitivo, esos lentes teóricos nos muestran en su lugar, reversibilidades definitivas.

Los testimonios recogidos de los miembros de la familia Escobar Huarachi indican que la reversibilidad definitiva a Bolivia (o la no propensión a reemigrar a São Paulo) está cruzada por dos ejes. El primero tiene que ver con las características del acuerdo laboral entre talleristas y costureros, que vía de regla se enmarca en unas relaciones asalariadas no-libres (Brass, 1997, McGrath, 2013). Las jornadas de quince horas diarias, el vivir y trabajar en el mismo local, más los eventuales encierros, los malos pagos y la manipulación de la deuda contraída, generan traumas de los que es difícil desprenderse. La experiencia de Giovana y su familia lo ilustra de forma cabal. El segundo eje es de carácter generacional y se refiere a la edad de los hijos. Hay una relación positiva entre la reversibilidad definitiva de los flujos y la edad de los hijos: entre más grandes y en edades escolares, mayor es la propensión a restablecerse en el lugar de origen definitivamente. Dicho de otra forma, entre más chicos los hijos, más alta la propensión de seguir practicando la circularidad migratoria entre Bolivia y Brasil.

Consideraciones finales

El análisis del trabajo de campo realizado revela patrones migratorios circulares que no logran ser captados por las mediciones estadísticas oficiales, pero que son importantes porque moldean las movilidades hacia nichos laborales de países limítrofes. Ubicado en esa laguna, este texto pretendió llenarla de contenido analítico, trayendo a colación la circularidad migratoria de la joven familia Escobar Huarachi, activa durante más de una década entre Bolivia y Brasil.

En lugar de privilegiar el retorno, las movilidades de esta familia echan luz sobre la circulación, y como parte intrínseca de ella, destacan el alto grado de reversibilidad de los flujos, dado el peso del anclaje familiar en el lugar de origen. Vista de esta forma, la migración de retorno pasa a ser considerada entonces como una forma más de desplazamiento, dentro de unas trayectorias de movilidades bastante dinámicas, a través de fronteras permeables como son las mercosureñas. El actual pretende ser un análisis generalizable y aplicable a otros grupos familiares de costureros migrantes en los que se incluyen los peruanos y los paraguayos, que llegan a trabajar en la industria de la confección en otros destinos, como la zona metropolitana de Buenos Aires.

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Mariana Huarachi, El Alto, 24.06.2018.

Rolando Huarachi, El Alto, 04.07.2018.

Giovana Huarachi, El Alto, 04.07.2018.

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Fecha de recepción: 5 de febrero de 2019

Fecha de aceptación: 29 de agosto de 2019


Volumen 16, número 41, septiembre-diciembre, 2019, pp. 257 - 282


http://dx.doi.org/10.29092/uacm.v16i41.725


1 Los talleristas son los gestores del taller de costura; son en general migrantes y también trabajan con sus empleados en la confección de ropa.

2 En el Censo de 2012, se cuestiona sobre el lugar de residencia del ciudadano boliviano cinco años antes. Sin embargo, esta información no está disponible. Aun cuando se tiene acceso al país de residencia previo, las mediciones suelen subdimensionar la migración de retorno, conforme comprueban Ordaz Díaz y Li Ng (2016) y García Zamora y Gaspar Olvera (2017) para el caso mexicano.

3 Los nombres de los migrantes-interfaz de este estudio son seudónimos. Todos los demás han sido mantenidos en original.

4 Esta es la jerga utilizada por los costureros y costureras migrantes en São Paulo. Se “vuela” cuando se cambia de un taller de costura a otro.

5 Conforme a los registros no-oficiales del Centro de Apoio e Pastoral do Migrante (CAMI), de São Paulo, hay cerca de quince mil talleres de costura con migrantes en la zona metropolitana de São Paulo. Consultar sitio Web: http://camimigrantes.com.br/

6 El rectista es el costurero que maneja la máquina de costura recta. El overloquista a sua vez maneja la overloque.

7 Los barrios Bom Retiro y Brás son tradicionales y conforman el eje textil y del vestuario de la ciudad de São Paulo.

8 A través del Acuerdo Mercosur de 2009, los bolivianos pueden solicitar una visa temporal de dos años, sin importar su forma de ingreso a Brasil, y luego remplazarla por una permanente.

9 Jerga en el universo de los talleres de costura, que identifica una forma de organización productiva en la que dos o más costureros trabajan como si fueran uno sólo.

10 Significa pedidos de confección de ropa en la jerga local.

11 Es el epicentro comercial del circuito productivo inferior de la industria de la confección de la ciudad de São Paulo.

12 Término local usado para referirse al vehículo propio que es utilizado como transporte colectivo de pasajeros intraurbanos. Las movilidades pueden ser los autobuses, las vans o las minivans. Roberto ha adquirido una minivan.

13 Cambio del dólar con relación a la moneda brasileña (reales) referente a fines de febrero de 2012, época en la que Giovana llegó a São Paulo con su familia.

* Agradezco al dr. Alfonso Hinojosa Gordonava por el diálogo sobre el retorno boliviano y a la dra. Julieta Briseño por la revisión y los comentarios al texto.

** UNAM. Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM, Becario del Centro de Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, asesorado por la doctora Cristina Amescua Chávez. Correo electrónico: bmiranda@correo.crim.unam.mx.

Volumen 16, número 41, septiembre-diciembre, 2019, pp. 257 - 282

ISSN versión electrónica: 2594-1917

ISSN versión impresa: 1870-0063